Esperanza en El Señor — Graduados, ¡vayan adelante y sirvan!

Archbishop Joseph E. Kurtz
Archbishop Joseph E. Kurtz

¿Cuáles son las oportunidades de que los graduados y sus invitados escucharán a tu discurso de graduación? Tengo dos oportunidades de saberlo. El sábado pasado, di mi discurso a más de 600 graduados de Bellarmine University, y el próximo sábado viajaré a DeSales University fuera de Allentown, Pensilvania para hablar sobre el quincuagésimo aniversario de la fundación de la universidad.

Yo serví como administrador posteriormente durante los noventas. Cuando realizo visitas, también recuerdo mi primera tarea en 1971 como diácono a solo unas millas del campus durante la primera década de la existencia de la universidad. En Bellarmine tuve la dulce y a la vez amarga oportunidad de pedir oraciones por el presidente McGowan, quien falleció repentinamente y de dar gracias por su legado de más de 25 años.

El diploma tendrá la atención de los graduados. Lo duro que trabajaron y ¡cuánto sacrificaron por ese diploma! Deténganse de ese diploma, les diré a los graduados, pero asegúrense de llevarse consigo algunas herramientas universitarias a medida que avancen sucesivamente.

En su libro “Road to Character” del 2015 (que vale la pena leerlo), David Brooks hace la distinción entre dos tipos de virtudes: las virtudes de curriculum vitae y las de elogio. La última, probablemente en la mente de la mayoría de los graduados, involucran el arte de “dar su mejor paso” – indicando las mejores cualidades para un buen trabajo. Se nos dice que los graduados de hoy en día creen en ellos mismos y ven de manera natural dar lo mejor de ellos al patrón. ¡Qué bien por ellos!

Sin embargo, el columnista del New York Times, Brooks, pasa un poco de tiempo en aquellas virtudes al invitar al lector a construir carácter. Más bien el habla de aquellas virtudes o cualidades que duran hasta la eternidad y las que las personas recuerdan después de que la persona ha fallecido (por consiguiente “virtudes de elogio”).

Ustedes pueden adivinar la lista: amor fiel, servicio sacrificador, diligencia y paciencia, humildad y altruismo. Así que ¿cómo recomiendo a los graduados que ellos desarrollen estas virtudes, las cuales son cultivadas en ellos durante su experiencia en la universidad? Yo ofrezco cuatro sugerencias:

1. Tomen con ustedes el nombre del maestro que tuvo una mayor influencia sobre ustedes para bien. Una buena universidad católica con sus finos maestros tiene el don de inspirar una manera clara de pensar (preguntar y dialogar) con un testimonio humilde a una vida de fe. Recientemente leí que mientras no hay tales cosas como “biología católica” una universidad católica da permiso para las maravillas que la ciencia descubre ser la ocasión para una verdadera alabanza del Creador. Si ustedes fueron bendecidos con un maestro que impartió esa sed de aprendizaje que lleva hacia una profundidad en la fe, den gracias. Obtengan su domicilio y digan gracias dentro de un lapso de tiempo de diez días.

2. Lleven consigo los nombres de buenos amigos que han hecho durante sus años de universidad. Nunca me he cansado de decirles a clases de confirmación, que un buen amigo es como una joya que siempre resalta lo mejor de ti. Es fácil descubrirlos, porque en su presencia ustedes son una mejor persona. Naturalmente imitamos a buenos amigos, así que háganse el compromiso de valorar a estos individuos e indiquen su agradecimiento por escrito dentro de los próximos 5 días.

Tomen un respiro profundo de agradecimiento por su familia, especialmente sus padres. El papa Francisco llama a la Iglesia, una familia de familias y hace 35 años San Juan Pablo II dijo que “el futuro de la sociedad pasa a través de la familia”. Su futuro es en gran medida debido al querido compromiso de los miembros de la familia. No dejen que este día termine sin que den las gracias. Por cierto, el gran incentivo para orar no es un acto de desesperación de 10 minutos antes de un final descuidadamente preparado. No, es el profundo sentido de agradecimiento que habita en nuestros corazones cuando ustedes dan gracias por mamá y papá, abuelos y seres queridos. Dejen que un silencio breve habite en sus corazones en este momento y ofrezcan una oración de agradecimiento: “Jesús hazme agradecido por mi familia así como tú fuiste por la Virgen María y San José, la Sagrada Familia”.

4. El último punto de la lista: No tengan miedo de aspirar a la grandeza. Después de escuchar un fino sermón en Washington D.C. un domingo por la mañana, se le preguntó al presidente Lincoln qué pensó acerca del mensaje. El describió el mensaje como el tener un excelente contenido con gran elocuencia. Cuando se le preguntó si era un gran sermón, el respondió; “No. El predicador olvido el ingrediente más importante. Se le olvidó pedirnos que ¡hiciéramos algo grande!”

Su grandeza será encontrada en algún acto heroico de servir a otra persona. Si ustedes pueden descubrir este regalo, ustedes descubrirán en su vida el premio de mayor valor – la intangible pero siempre reconocida vida de alegría. La alegría es un regalo que no se les da a aquellos que buscan por la tierra para encontrarlo – para ellos siempre está a la vuelta de la esquina. Es un regalo que aparece en su corazón después de servir a otros bien, ustedes se dan cuenta que viviendo por otra persona parece traer alegría como una ola fuerte trae paz. Viene de alguien que hace algo grande por otra persona.

No sean ansiosos. No se preocupen. Jesús dijo, “No tengan miedo” Su mano guía y él ya ha provisto. Solamente piensen de ese maestro, esos buenos amigos, esa orgullosa familia. Su mano está en todo.

Graduados, sigan adelante – diploma en mano y aquellas personas especiales en su corazón. Sean todo lo que Dios ha creado que ustedes sean. Sta. Catalina de Siena lo dijo bien: “Sean todo lo que Dios ha creado que sean, y ustedes encenderán la chispa en el mundo”. Descubran como servir a otros y concéntrense en lo que es realmente duradero. ¡Con Dios vayan adelante! Amén.

Arzobispo Joseph E. Kurtz

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