Vida en Cristo — Mi fe ante el dolor y el sufrimiento

Father L. Wilfredo Fernandez

¡Cristo ha resucitado aleluya, aleluya! Ciertamente este año debido al coronavirus nuestras celebraciones de la Semana Santa y Pascua has sido diferentes ha años pasados. Nuestras vidas de igual manera se han transformado y hemos tenido que cambiar todas nuestras rutinas diarias debido al enemigo invisible. A causa de la pandemia nosotros nos hemos vistos forzados a dejar nuestros trabajos, nuestros hijos dejaron de asistir a las escuelas, muchas personas se han quedado sin empleo y el lugar donde muchos nos sentimos protegidos, es decir nuestras iglesias también han cerrado.

Todo parece darnos la espalda y ahora que buscamos más a Dios, Él se nos ha escondido y es precisamente que cuando nosotros estamos pasando por estas circunstancias, nuestra fe se debilita y nuestras dudas de su presencia nos tientan. Sin embargo, con el transcurso de los días y las semanas, hemos visto que Dios está más presente que nunca en el rostro de nuestro vecino, nuestro prójimo. Jesús nos recuerda en Marcos 12:31 “El segundo es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” No hay otro mandamiento más importante que éstos.” Nuestros vecinos, los doctores y todos los servidores públicos, repartidores de correo, recogedores de basura por nombrar solo algunos, nos demuestra que el amor de Dios está presente en nosotros.

Ellos arriesgan su vida diariamente por nuestro porvenir y bienestar público, nos muestran el rostro de Cristo escondido y sobretodo nos recuerdan que no estamos solos en esta pandemia. Todos debemos estar más unidos más que nunca buscando la protección del uno al otro. Si bien es cierto que algunos pensamos que las medidas de las autoridades y la Iglesia parecen ilógicas, todo esto es por nuestro porvenir, con el tiempo veremos que todas estas medidas en lugar de perjudicarnos nos ayudaron a salir adelante.

Incluso el papa Francisco nos recuerda que “Nuestra cercanía a los médicos, a los agentes sanitarios, enfermeras y enfermeros, voluntarios… Nuestra cercanía a las autoridades que deben tomar medidas duras, pero por nuestro bien. Nuestra cercanía a los policías, a los soldados en la calle que siempre tratan de mantener el orden, que se cumplan las cosas que el gobierno nos pide que hagamos por el bien de todos. Cercanía a todos.” Todos ellos al igual que nuestros obispos y párrocos han creado formas ingeniosas de llevar ha Dios a nuestros hogares manteniendo las debidas restricciones de las autoridades. Las devociones populares, nuestros pequeños altares en nuestros hogares son el recordatorio de que Dios está presente en medio de nosotros.

La iglesia doméstica que la formamos todos los hogares se ha visto fortalecida. Recordemos lo que Pedro nos dice; 1 Pedro 5:10 “Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.” Dios nunca ha dejado o dejará a su pueblo y su misericordia sobrepasa nuestro entendimiento, a Dios no hay que entenderlo, a Dios hay que amarlo y darle nuestra completa confianza.

El padre Wilfredo Fernandez es pastor de la parroquia Christ the King en Tompkinsville, Ky.

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