
Por Carol Glatz, Catholic News Service
CIUDAD DEL VATICANO (CNS) — La santidad de la vida, desde la concepción hasta su fin natural, debe ser defendida, especialmente ahora, en un mundo marcado por “la locura de la guerra”, afirmó el Papa León XIV.
Al saludar a los visitantes de habla polaca durante su audiencia general en la Plaza de San Pedro el 25 de marzo, el Papa León destacó celebraciones provida en Polonia en su saludo, diciendo que iniciativas como su “adopción espiritual de un niño concebido” eran verdaderamente necesarias.
“En una época marcada por la locura de la guerra, es importante defender la vida desde la concepción hasta su fin natural”, dijo.
Polonia celebra el Día de la Santidad de la Vida cada 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, que cae nueve meses antes del nacimiento del Señor el día de Navidad y celebra la encarnación de Jesús en el seno de la Santísima Virgen María. Otros países también se centran en el don de la vida en esta solemnidad del 25 de marzo, incluyendo celebraciones del Día del Niño por Nacer en muchos países latinoamericanos.
Existen iniciativas de oración similares en todo el mundo, incluso en Estados Unidos. El difunto arzobispo Fulton J. Sheen, cuya beatificación está prevista para el 24 de septiembre en St. Louis, también inspiró un programa de adopción espiritual, en el que los participantes se comprometen a rezar diariamente durante nueve meses por un niño por nacer cuya madre está considerando abortar.
A veces se anima a los “padres espirituales” a ponerle nombre al niño por nacer y a orar por él o ella diariamente, y, al final de los nueve meses, a organizar un baby shower para recolectar artículos y dinero para donar a los centros locales de apoyo al embarazo.
Con motivo de la solemnidad de la Anunciación, el Papa León invitó a los católicos a seguir más de cerca el ejemplo de la Santísima Virgen María y a “estar siempre dispuestos a hacer la voluntad de Dios”.
“Mientras continuamos nuestro camino cuaresmal, pidamos al Señor que nos conceda la gracia de imitar a Nuestra Santísima Madre en su “sí” total al Señor, y así abrir nuestros corazones a su voluntad para nuestras vidas”, dijo a los peregrinos y visitantes de habla inglesa.
En su catequesis principal, el Papa continuó su serie de reflexiones sobre los documentos del Concilio Vaticano II, concretamente sobre la Constitución dogmática sobre la Iglesia, “Lumen Gentium”.
El Papa León explicó que la estructura jerárquica de la Iglesia no es una “invención meramente humana” destinada a cumplir algún tipo de función organizativa, sino “una institución divina, dirigida a perpetuar la misión dada por Cristo a los apóstoles hasta el fin de los tiempos”.
La Iglesia Católica, dijo, “encuentra su fundamento en los apóstoles, que Cristo quiso como columnas vivas de su Cuerpo místico; y posee una dimensión jerárquica que obra al servicio de la unidad, de la misión y de la santificación de todos sus miembros”.
“Como los apóstoles están llamados a custodiar fielmente las enseñanzas salvíficas del Maestro, transmiten su ministerio a hombres que, hasta el retorno de Cristo, siguen santificando, guiando e instruyendo la Iglesia ‘gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral'”, afirmó.
Si bien todos los fieles conforman “el único sacerdocio de Cristo”, dijo, aquellos ministros ordenados que han recibido el sacramento del Orden, es decir, los obispos, los sacerdotes y los diáconos, tienen un ministerio único.
Investidos de “sacra potestas” para el servicio en la Iglesia, los obispos, “ante todo, y, a través de ellos, los presbíteros y los diáconos, han recibido encargos (en latín, munera) que los llevan a estar al servicio de ‘todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios’ para que ‘tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvación'”, dijo el Papa, citando el documento conciliar.
Esta misión apostólica es “colegial y comunitaria”, reflejando el deseo del Señor de “pastores de su pueblo” que sirvan con amor, dijo. Por eso San Pablo VI presentó a la jerarquía como realidad “nacida de la caridad de Cristo para realizar, difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de fe, del ejemplo, de preceptos, de carismas, dejado por Cristo a su Iglesia”.
“Queridas hermanas, queridos hermanos, pidamos al Señor que mande a su Iglesia ministros ardientes en la caridad evangélica, entregados al bien de todos los bautizados y misioneros valientes en todos los lugares del mundo”, dijo el Papa León.
