Vida en Cristo — La enseñanza social católica

Padre Patrick Delahanty

Proverbios 31: 8-9 proclama “Abre la boca en favor del mudo, sostén la causa de todos los desamparados. Abre la boca y juzga a los pobres y afligidos con verdadera justicia.”

Como exdirector ejecutivo de la Conferencia Católica de Kentucky, yo hablé en nombre de los obispos de Kentucky sobre una variedad de asuntos públicos, desde el aborto hasta la pena de muerte, el acceso a la atención médica para personas de bajos ingresos, los derechos de los inmigrantes y contra la práctica inmoral de los préstamos. La Conferencia instó a los líderes y feligreses de las parroquias a elevar su voz colectiva sobre estos asuntos importantes de política.

Los principios de la enseñanza social católica guiaron nuestras declaraciones sobre estos y otros temas de política pública. La gente nos acusó de ser políticos, y lo fuimos. Pero no estábamos siendo partidarios. En lugar de usar principios que uno podría encontrar en las plataformas de nuestros diversos partidos políticos, actuamos sobre principios que fluyen de las Escrituras y la tradición de nuestra fe vivida en la comunidad.

Los obispos enseñan en “Formando la Conciencia para Ser Ciudadanos Fieles”, que “la ciudadanía responsable es una virtud, y la participación en la vida política es una obligación moral”. Esta tradición, arraigada en las Escrituras y en la enseñanza de la Iglesia, considera ante todo el hecho de que cada persona posee el don de Dios de la dignidad humana.

El documento “Orientaciones para el Estudio y la Enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en la Formación de los Sacerdotes” explica que la Enseñanza Social Católica impone una triple tarea a la Iglesia. Como Iglesia debemos anunciar la verdad sobre la dignidad y los derechos humanos; denunciar situaciones injustas en la sociedad; contribuir a cambios positivos en la sociedad y al progreso humano real.

La Enseñanza Social Católica moderna comienza con la encíclica social del papa León XIII, “Rerum Novarum”. La más importante de las muchas declaraciones desde entonces es “Gaudium et Spes” (La Iglesia en el Mundo Moderno) del Vaticano II. En esta Constitución Apostólica, los padres del concilio enseñaron esto:

“…, Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado ya fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa”.

La exhortación apostólica del papa Francisco sobre el llamado a la santidad, “Gaudete et Exsultate”. Sus afirmaciones refuerzan lo que dijeron los padres del consejo: “Nuestra defensa de los inocentes no nacidos, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque lo que está en juego es la dignidad de una vida humana, que siempre es sagrada y exige amor por cada persona, independientemente de su etapa de desarrollo. Sin embargo, son igualmente sagradas las vidas de los pobres, los ya nacidos, los indigentes, los abandonados y los desfavorecidos, los enfermos vulnerables y los ancianos expuestos a la eutanasia encubierta, las víctimas de la trata de personas, las nuevas formas de esclavitud y todas las formas de rechazo. No podemos defender un ideal de santidad que ignore la injusticia en un mundo donde algunos se deleitan, gastan con abandono y viven solo para los últimos bienes de consumo, incluso mientras otros observan desde lejos, viviendo toda su vida en la pobreza extrema”.

Los católicos cuyas vidas están guiadas por la enseñanza social de la iglesia, más que por los principios partidistas que se encuentran en las plataformas de los partidos, están participando en la construcción del Reino de Dios. “Veo a Jesús en cada ser humano”, dijo la Madre Teresa. Nosotros también debemos hacerlo. Y luego tome medidas que respeten la dignidad de cada persona, proporcionen el bien común y reconozcan la igualdad de todos.

El padre Delahanty es un sacerdote retirado de la Arquidiócesis de Louisville.

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