Vida En Cristo – Dios nos ha llamado por nuestro nombre

Padre Anthony L. Chandler

En esta Semana de Concientización Vocacional, una vez más me acuerdo de María, la Madre de Jesús a quien se le dio una misión sagrada. Se le dio una vocación: una misión sagrada para Dios. Esto es lo que es una vocación: una misión sagrada.

Cada persona tiene una vocación. La tarea de María era preparar al hijo de Dios. ¿Te imaginas la gran responsabilidad que era? Debemos recordar que la vocación es más que un trabajo, aunque su trabajo puede ser su vocación.

Uno de los grandes temas de las Escrituras es el de las personas llamadas por su nombre. Dios nos ha llamado a todos por nuestro nombre para hacer algo especial con nuestras vidas. En este llamado, debemos ayudar a construir el Reino de Dios. El llamado más básico para todos nosotros es amar. La pregunta que hacemos es: “¿Cómo voy a amar?” Para algunos, ¡es el sacerdocio, la vida religiosa, el diaconado, el estar casado o soltero! Pero sea cual sea la conclusión, debemos orar y pedirle a Dios por su guía. Tenemos que hacer espacio y estar en silencio para poder escuchar su voz en medio de todas las voces que compiten en nuestro mundo.

Desde que fui ordenado hace treinta años, ahora soy más consciente de que ya no somos una Iglesia establecida, sino una Iglesia misionera. El panorama cultural y religioso que enfrentamos hoy es muy diferente al de cuando fui ordenado o cuando crecía. Muchas personas nunca han estado expuestas a ninguna fe en Dios, y también, tantas que ahora rechazan la fe.

Por ello, necesitamos trabajadores para recolectar la cosecha. “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”, esta gran frase del Evangelio de San Lucas nos recuerda que debemos orar por los trabajadores que trabajarán en la viña del Señor. ¡Cualquier proyecto cristiano, u obra de Dios, necesita trabajadores para que florezca! ¿Estamos escuchando? Sí, todos debemos orar por las vocaciones al sacerdocio y al ministerio, pero también debemos invitar a los jóvenes a considerar esa vocación y crear un ambiente positivo que llegue a lo trascendente en nuestro culto.

Hay un par de cambios que podríamos hacer para ayudar a los jóvenes a estar abiertos al sacerdocio y a la vida religiosa. Primero, necesitamos orar y alentarlos a la oración diaria, y me refiero a todos nuestros jóvenes, hombres y mujeres. Sin escuchar a Dios, y eso significa oración diaria, nadie puede escuchar su llamado. No grita, susurra. Si la única comunicación que cualquiera de nosotros recibe de alguien es a través de mensajes de texto o auriculares, ninguno de nosotros recibirá la invitación para ser como Cristo. El segundo es invitar y alentar. Desde que asumí la Oficina de Vocaciones en junio, he hablado con muchos hombres y mujeres jóvenes sobre las vocaciones.

Cuántas veces he escuchado: “¡Mis padres quieren nietos!” El apoyo de las vocaciones debe estar en el hogar para que puedan florecer.
Únase a mí para orar, apoyar y alentar vocaciones en sus familias para nuestra Arquidiócesis y la Iglesia Universal.

El padre Anthony L. Chandler es el Director de Vocaciones. Este artículo apareció durante la semana vocacional del 3 al 7 de noviembre en inglés.

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