Testigos del amor de Dios – Inmigración

Photo courtesy of N.Ky.Tribune
Hna. Juana Mendez, S.C.

Este artículo es parte de una serie enfocada en diferentes áreas ministeriales. Los artículos son presentados bajo la perspectiva del proceso del V Encuentro Nacional de Pastoral Hispana/Latina.

Desde el año 2000, yo he estado trabajando con inmigrantes de diferentes países, hispanos y no hispanos. He apoyado a muchos con solicitudes familiares, asilo político, DACA, y con aquellos que pueden aplicar para la ciudadanía. Por ello, el V Encuentro fue para mí una llamada a continuar con el apoyo para la comunidad hispana.

Una de las áreas ministeriales del V Encuentro es inmigración. Como discípulos misioneros de Jesucristo, reconocemos que son muchas las bendiciones recibidas y ahora se nos llama a compartir con nuestros hermanos inmigrantes.

Una de las maneras en que podemos ayudar a nuestros hermanos es acompañarlos en sus procesos migratorios, especialmente ofreciéndoles acceso y servicios básicos referentes a deportación y separación de familias. Es importante orientarlos en los derechos constitucionales. Se pueden ofrecer talleres educativos donde se invitan a abogados de inmigración que puedan dar información sobre las leyes migratorias.

Es importante apoyar a las familias que tiene un familiar en la cárcel o que ha sido deportado. Como Directora del Ministerio Hispano de la Diócesis de Covington, el V Encuentro ha despertado en mí una esperanza. A través de preparación educativa e historias reales podemos cambiar las ideas de aquellas personas que creen que los inmigrantes no tienen derechos como humanos.

Los inmigrantes indocumentados sufren muchas violaciones a sus derechos humanos. Viven en un estado de temor por la deportación y la separación familiar. Por eso es necesario trabajar unidos con nuestras voces proféticas.

Como parte de los inmigrantes indocumentados que necesitamos apoyar son a nuestros jóvenes. Muchos de los jóvenes se sienten rechazados y diferentes por su estatus. El énfasis del V Encuentro fueron los jóvenes, por eso tenemos que apoyarlos en los diferentes ministerios de la iglesia porque ellos son quienes van a seguir adelante con nuestra religión católica.

En resumen, necesitamos la fuerza de Dios. Tenemos que ser la voz de aquellos que no tienen voz. Es el deber de nosotros como católicos misioneros en la fe ayudar a todos los inmigrantes sin divisiones. Porque todos somos hijos de Dios sin importar el color, raza o religión.
La Primera Carta a los Corintios 12:13 indica “Hemos sido bautizados en el único espíritu para que formemos un solo cuerpo, ya fueran judíos, o griegos, esclavos o libres. Y todos hemos vivido del único espíritu”.

Que podamos aprender a dejar que nuestras vidas reflejen el amor por los demás especialmente por los inmigrantes.

 

La Hna. Juana Mendez, S.C. es Directora del Ministerio Hispano en la Diócesis de Covington.

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