Mis Pensamientos sobre la Iglesia

Garcia-wCuando viví en México, siempre fui a la Iglesia. Esto fue algo que me enseñaron mis padres, y esto era algo que se esperaba de buenos católicos. Cuando me casé y tuve hijos, continuamos esta tradición. Incluso cuando dejaba a mi familia para encontrar trabajo en otros estados de México, siempre buscaba la Iglesia más cercana para asistir a Misa. Formaba parte de mí y nunca lo he perdido.

Hace como 12 años, vine a los Estados Unidos. Y fue aquí donde realmente aprendí acerca de Dios.

En México, iba a Misa. Pero aquí, es diferente. Ahora, rezo. Esto puede sonar extraño, pero es la verdad.

En México, tenía mi esposa, mi familia, mis hermanos, mi mamá, primos y amigos. México era hogar. Todo estaba en mi idioma. La ayuda estaba a una llamada por teléfono o más cercas. Yo viví en la tierra de mi padre y mi abuelo. Me encontraba seguro.

Dios estaba conmigo en México, pero me apoyaba, confiaba y acercaba a miembros de mi familia. Pero aquí en los Estados Unidos, no tengo a mi esposa o a mis hijos conmigo. Mis padres hace tiempo que fallecieron. Aquí no tengo seguro médico, y a veces no puedo encontrar trabajo.

Aquí vivo con una incertidumbre y vulnerabilidad diaria. Aquí, he venido a conocer a Dios de una manera diferente. Aquí, cuando estoy enfermo, no tengo dinero para ver a un doctor o seguro médico para prevenir enfermedades. Aquí rezo por ayuda: “Ayúdame a pasar por esta enfermedad”. “Ayúdame a encontrar un trabajo este día”.

Y cuando no encuentro trabajo, aun agradezco a Dios de que fui los suficientemente fuerte para de cualquier modo buscarlo.

Aquí, tengo que confiar que Dios es todo. Solía rezar el Padre Nuestro todo el tiempo. Pero aquí finalmente sé lo que significa cuando rezamos “danos hoy nuestro pan de cada día”.

Hoy es lo que me preocupa. Y hoy es lo que Dios me da.

Aquí todo es la providencia de Dios. Solía pensar que era mi fortaleza y mi esfuerzo los que me llevaban a lugares. Pero ahora sé que es Dios quien hace que las cosas sucedan para mí.

Aquí el ir a la Iglesia es como respirar un aire fresco. Necesito tener aire para respirar, y tengo que estar en la Iglesia para vivir. La Misa me da vida. Me da esperanza. Me da valentía.

Aquí escucho el Evangelio y la homilía para que me den la instrucción de cómo vivir y lo que debería estar aprendiendo o haciendo.

La mayoría de las personas que conozco que van a la Iglesia aquí nunca fueron a la Iglesia en sus países. Pero aquí lo hacen – porque son como yo. Viven en incertidumbre. Y necesitamos algo que nos haga sentir seguros. Y eso es lo que encontramos en la Misa.

La Misa nos une a todos: estamos unidos porque vivimos el mismo tipo de vida. Dios tiene que ser real ahora. Aquí, hemos descubierto que Dios existe.

Estoy agradecido de que tenemos Misa en español. Estoy agradecido de que tenemos a un sacerdote que habla español. Aquí somos una comunidad de una manera que no necesitábamos serlo en nuestro país porque teníamos lo que necesitábamos por nosotros mismos. Pero aquí no estás completo sin los demás.

No soy rico, pero en Dios tengo más riqueza de la que jamás podría haber soñado o esperado. Doy gracias a Dios por lo que tengo y por lo que no tengo. La Misa y la Iglesia me recuerdan de permanecer siempre cercas de Dios.

M.G. (Manuel) Gameche es feligrés de la parroquia La Anunciación en Shelbyville

Si usted tiene una historia que quisiera presentar para “A View from the Pew”, comuníquese con Sal Della Bella a sdb@archlou.org o llame al 502-585-3291. 

1 Comment

  • Elvira says:

    Muy bonito, me encanto. Porque es cierto aqui Dios se nos presenta de una manera mas real, mas de cerca. Felicidades por compartir.

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