Esperanza en El Señor — La virtud heroica del Dr. Lejeune

Archbishop Joseph E. Kurtz
Archbishop Joseph E. Kurtz

Probablemente nadie establece en la vida practicar una virtud heroica. Hasta el más ferviente entre nosotros busca vivir una vida feliz cimentada en vivir virtuosamente o en una vida aventurera e interesante o quizás ambas.

Pero es difícil de imaginar que lo heroico, lo cual necesariamente incluye un amor que es sacrificial está presente desde el principio.

Durante la temporada de Pascua, leímos tantas aventuras de los comienzos de la Iglesia y especialmente de San Pedro y San Pablo. Sus actividades a comienzos de la Iglesia constantemente reflejaban lo heroico.

Humildes y valientes, estos santos encontraron interminables maneras de dar testimonio de Jesús. Este testimonio siempre parecía terminar con alguna acción heroica, de sacrificio a través del cual la Iglesia floreció y creció.

En cada época, Dios llama a vidas heroicas, de sacrificio y santas, y el ejemplo del Dr. Jérôme Lejeune no es la excepción. Apenas terminé de leer la fascinante biografía de su vida, escrita por su hija Clara (“Life is a Blessing: A Biography of Jérôme Lejeune Geneticist Doctor Father”) y vi un video de una hora de duración de su vida. Su vida es de llegar a conocerse e imitarse.

Él solo tenía 67 años cuando murió en la Pascua de 1994 y sorpresivamente, dados sus logros, era relativamente poco conocido. Su gran acción pública fue el descubrimiento en 1959 de la causa genética de lo que era llamado “mongolismo” y que ahora se conoce como síndrome de Down.

Antes de su descubrimiento, se pensaba que las personas nacidas con este síndrome tenían una enfermedad, era un castigo para los padres, y que debería mantenerse en las sombras de la sociedad.

El Dr. Lejeune descubrió que en lugar de los 23 pares usuales de cromosomas que forman el paquete genético de la mayoría de los humanos, el niño con síndrome de Down tenía un cromosoma extra en el par número 21 (por ello el nombre de trisomía 21).

Una razón por la cual el doctor no sea muy conocido es que él lo llamó trisomía 21 en lugar del síndrome Lejeune – un sutil acto de humildad.

Su biografía revela el desarrollo de una buena persona, no particularmente heroica, pero una con espíritu de aventura. Una carta a quien sería su esposa antes de su matrimonio dio una pista de su heroica aventura por venir: “Si estás de acuerdo de vivir esta vida precaria pero justa y saludable, ¡estoy seguro que podemos tener éxito!”

Lo que hizo ser la vida del Dr. Lejeune heroica fue la combinación de valentía y valores familiares. El pasaría sus mañanas reuniéndose e interactuando con muchos niños con síndrome de Down y sus familias y después emplearía las tardes para su investigación. El llegó a ver la humanidad de cada persona que conoció. (El llamaba a sus pacientes “los desheredados”).

En lugar de solo utilizar su cerebro científico para llenar logros y realizaciones, el Dr. Lejeune hizo la pregunta de los héroes: porque puedo hacer algo, ¿debo de hacer esto?

Esa pregunta lo hizo consciente de que su descubrimiento científico podría ser mal empleado. En 1969 mientras era honrado en San Francisco, censuró públicamente la posibilidad de que algunos quisieran terminar la vida de un niño con síndrome de Down antes de nacer.

Su investigación le aclareció que el paquete genético de un humano era establecido desde la concepción o, como él explicó con sus propias palabras el prólogo del Evangelio de acuerdo a San Juan, “Al principio hay un mensaje, y este mensaje es en vida, y este mensaje es vida. Y si el mensaje es un mensaje humano, entonces la vida es una vida humana”.

El Dr. Lejeune continuó a pesar de gran oposición de la comunidad profesional por su defensa de la vida humana; él perdió contratos del gobierno en Francia y algunos dicen que la oportunidad de un Premio Nobel.

Lo hizo porque, como el repetiría, “Una frase, solo una, dicta nuestra conducta, la expresión de Jesús mismo: ‘En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”’ (Mt 25:40).

Treinta y tres días antes de su muerte, él comenzó a servir nombrado por San Juan Pablo II como el presidente de la Academia Pontificia de la Vida. Hoy en día la Fundacion Jérôme Lejeune en Filadelfia promueve la defensa de niños con síndrome de Down, y su causa de canonización sigue adelante; por ahora es reconocido como un Siervo de Dios.

Que Jérôme, un padre de familia, doctor, genetista, esté en el cielo intercediendo por todos, especialmente por los menos afortunados.
Con el Domingo del Buen Pastor que se acerca, es bueno dar testimonio a una vocación laica que es verdaderamente heroica.

El video acerca del Dr. Lejeune puede ser ordenado en www.LejeuneUSA.org/DVD.

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