Esperanza en El Señor — Nuestra Necesidad de Salvación en la Iglesia

Apenas terminé de leer la reciente columna del cardenal Dolan, “Cristo y su Iglesia son todo acerca de la Salvación”. En el sínodo en Roma, hablamos de cuán importante son las “buenas nuevas” de la salvación eterna, un tema que es oportuno en todo momento pero que emerge de una manera especial al celebrar el Día de todos los Santos  y el Día de los Fieles Difuntos en noviembre.

Celebré una Misa del Día de Todos los Santos en St. Patrick Church en donde la escuela presentó la diversa letanía de los santos de una manera vívida – una procesión que incluyó mártires, contemplativos, misioneros y maestros. Todos estos santos, sin embargo, tenían algo en común: vida eterna con Dios nuestro Padre.

Posteriormente, el viernes, 2 de noviembre, me reuní con los fieles en Calvary Cemetery para una Misa por todos los fieles difuntos realizada en el entorno de los monumentos de las tumbas de los seres queridos. (Dije una oración especial de forma privada en la tumba del arzobispo Kelly). El tema de mi homilía en ambas ocasiones no fue simplemente el que recordemos las vidas de aquellos que se fueron antes que nosotros, sino que oremos con gratitud por aquellos que están salvados y en el cielo, interceder por aquellos en el purgatorio y pedir la misericordia de Dios por aquellos de nosotros en el camino.

No escuchamos mucho acerca de la salvación y vida eterna en estos días. ¿Es que somos presa de la herejía de la edad antigua “hazlo tu mismo” para alcanzar nuestra salvación?  (Esta herejía del pelagianismo del siglo IV promovía la actitud de que podemos alcanzar la salvación por nosotros mismos al alcanzar a Dios por nuestros méritos sin apoyarse en la salvación a través de Cristo y su Iglesia). O ¿es que sólo pensamos en este mundo?

Los pecados tradicionales fueron los dos extremos de presunción y desesperación. La desesperación es la actitud de rendirse porque creemos que somos muy malos, una actitud no común en estos días. La presunción, sin embargo, puede ser el pecado de esta época. Asume que Dios nos dará la bienvenida en el cielo porque somos muy buenos.

El problema – y esto es crucial para la nueva evangelización – es que ninguno de estos dos extremos reflejan “las buenas nuevas de Jesucristo”. Las buenas nuevas son un mundo de misericordia, y la misericordia puede encontrar cabida solo en aquellos corazones que reconocen la necesidad de ella. Todos conocemos a personas que nunca admiten su falta y por lo tanto nunca preparan sus corazones para recibir misericordia.

La nueva evangelización comienza con una mirada a nuestros corazones. Confrontamos nuestra fragilidad e imperfección. No somos tan buenos como otros piensan y no tan malos como nosotros nos consideramos algunas veces. Estamos en necesidad de salvación.

El cardenal Dolan llama a pensar en tres pasajes en donde llegamos a conocer el pensamiento de Jesús. Cuando se le preguntó si solo pocos serían salvados, Jesús explicó sobre la puerta angosta: “… esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán” (Lucas 13:23-24). En otra ocasión lo esclareció: “Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la ruina, y son muchos los que pasan por él. Pero ¡qué angosta es la puerta y que escabroso el camino que conduce a la salvación! Y que pocos son los que lo encuentran” (Mateo 7:13-14). Sabemos que Jesús no estaba contento con esta situación y que lloró cuando consideró el destino de aquellos que persistieron en el camino espacioso” (Lucas 19:41).

Estas citas son, por supuesto, el preludio necesario para entender el preciado obsequio de la misericordia y la salvación. La misericordia de Dios no puede penetrar el corazón que no siente necesidad.

Esta semana en Baltimore, los Obispos de los Estados Unidos revisarán un mensaje sobre perdón y el Sacramento de Penitencia y Reconciliación. El pasado mes de marzo, presencié una Conferencia de
Hombres en donde virtualmente un poco más de 400 participantes realizaron una buena confesión y recibieron la misericordia de Dios en y a través de la Iglesia. Más tarde, algunos compartieron de manera privada de que hacía un largo tiempo que no se acercaban a la confesión. El regocijo de recibir la misericordia de Dios estaba escrito en sus rostros.

La nueva evangelización es acerca de la salvación en la Iglesia, y una conversión interna de corazón y perdón sacramental son pasos esenciales en esta peregrinar. En una reunión reciente de Consejo de Sacerdotes, fue confirmado que para la preparación para el Adviento, los Sacerdotes Pasionistas ofrecerán un almuerzo para sacerdotes seguido por una Hora Santa en donde el Sacramento de Penitencia y Reconciliación estarán disponibles. Esto es precisamente la receta para la nueva evangelización. Comenzamos con una conversión interna, rechazando la presunción y la desesperación, y buscamos salvación en Cristo a través de la Iglesia.

A propósito, si Ud. quiere leer más acerca del sínodo, hay un documento maravilloso de 15 páginas titulado “Mensaje al Pueblo de Dios” (www.news.va/en/news/synod-message-to-the-people-of-god).  Habla de una “certitud serena” y un “valor sereno” como las bases de la nueva evangelización. Es un mensaje que continua el tema de esta columna y se los recomiendo para su estudio y reflexión.

ARZOBISPO JOSEPH E. KURTZ

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