Esperanza en El Señor — Bernabé, hijo de aliento

Arzobispo Joseph E. Kurtz
Arzobispo Joseph E. Kurtz

Hace dos semanas, di una homilía a los obispos de los Estados Unidos en nuestra reunión anual de primavera, la cual fue realizada este año en New Orleans. La Misa ocurrió en la fiesta de San Bernabé (11 de junio), y me enfoqué en el significado del nombre de Bernabé (“hijo de aliento”) y cualidad de aliento. Aunque este discurso estaba dirigido a Obispos, la importancia de ser fuente de aliento a través de nuestra fe en Jesucristo se relaciona a cada uno de nosotros, en cualquier estado o lugar en la vida nos encontramos a nosotros mismos. Al yo buscar ser un alentador para cada uno de ustedes y para toda la comunidad, los invito a considerar como pueden emular el carisma de San Bernabé en sus vidas. Esta es la homilía que compartí con los obispos:

Cuan agradecidos nosotros los obispos estamos de ustedes, arzobispo Aymond y todos los sacerdotes, diáconos, hombres y mujeres de la vida consagrada y todos los fieles que están reunidos en esta hermosa catedral. Gracias por su cálida bienvenida a la Arquidiócesis de New Orleans y por rezar por nosotros los obispos.

Los apodos son interesantes. Algunos son chistosos; algunos no tienen sentido o indican lo opuesto, pero otros son justos a la medida. San Bernabé, el misionero de los Hechos de los Apóstoles y acompañante de Pablo, le fue dado el nombre de “José” en su nacimiento pero después en el camino tomó un gran sobrenombre, Bernabé, que significa “hijo de aliento”

Busqué en el diccionario Merriam Webster el significado de alentar y se encontraban tres definiciones:

  • “Inspirar con valentía, espíritu de esperanza” en el sentido de “animar”
  • “Atentar a persuadir” en el sentido de “urgencia”
  • “Dar ayuda o patrocinio a otro”.

No es extraño que José se convertiría en Bernabé. El hizo los tres puntos. En el capítulo 4 de los Hechos de los Apóstoles, se nos dice de cuan generoso él compartió su propiedad y posesiones con la temprana comunidad de la Iglesia. Hechos 9 lo menciona a él como quien introduce al recientemente convertido Saúl a los apóstoles. Finalmente, la lectura de hoy de Hechos 11 lo revela a él como el escogido a viajar de Jerusalén a Antioquía para alentar e inspirar a la comunidad naciente de creyentes. Así que Bernabé dio tanto ayuda material como espiritual a la comunidad que sirvió al mismo tiempo que los inspiró y persuadió como creyentes.

Durante los tres días de nuestra reunión plenaria, hemos deseado ese espíritu de evangelización – la alegría del Evangelio – para que podamos ser “hijos de aliento” – “Bernabé” si ustedes desean, a los fieles que servimos. Sabemos que nuestra fe no es privada pero debe ser compartida. El papa Francisco nos recuerda en palabras que hacen eco de sus tres predecesores: “Evangelización es la misión de la Iglesia, no solo de pocos, pero mi, su, nuestra misión”. Nosotros los obispos queremos ser Bernabé para los fieles a quienes servimos.

Además deseamos ser hijos de aliento – Bernabé – para nuestra nación y nuestra comunidad mundial al buscar el bien común. Sabemos que la fe enriquece la vida pública. Queremos alentar a los fieles y a toda la gente de buena voluntad a promover el bien común de nuestra nación y de nuestro mundo.

Muy importante, sin embargo, este reunión debería además ser un aliento para cada uno de nosotros en nuestro ministerio. Hay algunos obispos que, como Bernabé, parecen tener la habilidad de mirar hacia el exterior y alentar a un hermano obispo. Uno en mi vida murió hace seis meses. El obispo David B. Thompson, Obispo emérito de Charleston, murió el 24 de noviembre, 2013 y fue enterrado el 2 de diciembre a la bendita edad de ¡90 años! Desde 1976 a 1988, fui privilegiado de estar de residente en la Catedral de St. Catherine en Allentown donde él era pastor, y llegué a conocerlo como a un verdadero amigo que tenía la habilidad de alentar.

Así fuera una nota ingeniosamente escrita, una llamada por teléfono, o una palmada en la espalda, el obispo Dave mostró preocupación genuina, amistad, orgullo y alegría. Siempre estaba en su voz y palabra escrita. El día después de su funeral, regresé a Louisville para encontrarme con un hermoso regalo envuelto de navidad en el correo – ustedes adivinaron – con una nota de +Dave llena de palabras alentadoras. Sus últimos actos en la tierra fueron palabras alentadoras. Todos necesitamos a Bernabé en nuestras vidas. Estoy agradecido por el obispo Dave por ser hijo de aliento para mi.

Cada uno de nosotros necesita a Bernabé en nuestras vidas. A través del poder de Jesús quien nos envía, que nosotros los obispos seamos verdaderos hijos de aliento.
Amén.

Arzobispo Joseph E. Kurtz

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