Después de celebración de una Misa en Capítol Hill, los obispos se dispersan en cabildeo a favor de la inmigración

Por Patricia Zapor, Catholic News Service

El arzobispo de Miami, Thomas G. Wenski, saluda a Denis McDonough, jefe de estado mayor de la Casa Blanca, después de la celebración de la Misa llamada "Misión pro inmigrantes", el 29 de mayo en la iglesia católica St. Peter’s en Capitol Hill, Washington. Horas más tarde, ese mismo día, los obispos católicos seguirían una serie de reuniones con miembros del Congreso, incluyendo al presidente de la Cámara, John Boehner, R-Ohio, para estimular a los miembros de la Cámara a que emitan su voto a favor de una legislación de reforma completa de inmigración. (Foto CNS/Bob Roller)

El arzobispo de Miami, Thomas G. Wenski, saluda a Denis McDonough, jefe de estado mayor de la Casa Blanca, después de la celebración de la Misa llamada “Misión pro inmigrantes”, el 29 de mayo en la iglesia católica St. Peter’s en Capitol Hill, Washington. Horas más tarde, ese mismo día, los obispos católicos seguirían una serie de reuniones con miembros del Congreso, incluyendo al presidente de la Cámara, John Boehner, R-Ohio, para estimular a los miembros de la Cámara a que emitan su voto a favor de una legislación de reforma completa de inmigración. (Foto CNS/Bob Roller)

WASHINGTON — Después de que una docena de obispos celebraron una Misa en una iglesia de Capítol Hill, antes de empezar un día de cabildeo ante miembros del Congreso, a favor de una reforma de las leyes de inmigración, se percibían, gracias al evento en sí mismo, las muchas y diversas capas del esfuerzo que emprendían.

Se escuchaban cánticos dirigidos por un coro, que los entonaba en una media docena de lenguas diferentes. La predicación se hizo en idioma inglés. El grupo abigarrado estaba formado principalmente por personas que trabajan en organizaciones dedicadas al apoyo de una reforma de inmigración y entre ellas se podía distinguir a tres miembros de alto rango del personal de la Casa Blanca. Y la mayoría de periodistas presentes en una rueda de prensa, al poco rato, pertenecían a congregaciones religiosas o a medios de difusión en los que se utiliza el español.

Se había programado que los obispos se entrevistaran, primero, con miembros de la Cámara, para concluir el día con el presidente de la Cámara, John Boehner, R-Ohio.

Boehner había dicho que no presentaría para su aprobación en la Cámara un proyecto de ley de reforma de inmigración, ya aprobado por el Senado hacía un año, a menos que contara con el apoyo de la mayoría de los republicanos. Las personas que apoyan el proyecto creen que hay un suficiente número de republicanos que están a favor de la aprobación del proyecto de ley, junto con los votos a favor de casi todos los demócratas de la Cámara, aunque no se logre la mayoría que buscaba Boehner en el grupo electoral de republicanos.

En su homilía el arzobispo de Miami, Thomas G. Wenski, comparó las actuales leyes de inmigración con la práctica de impuestos de los británicos en las colonias americanas que dio como resultado que los patriotas lanzaran al agua el té de importación en el Puerto de Boston. Las comparó también con la postura de desobediencia civil de Rosa Parks, quien quebrantó la ley por la cual se le obligaba a ella a cederle su asiento a una persona de piel de color blanco, en el camión que viajaba. Y además, las comparó a la respuesta que dio Jesús a los que lo acusaban de transgredir la ley judía al curar a una persona en el día de descanso obligatorio, el sábado. “El sábado está hecho para las personas, y no las personas para el sábado”, dijo Jesús.

“Cuando las leyes no facilitan el progreso del bien común, pueden y deben ser cambiadas”, dijo el arzobispo Wenski.

“Las leyes que son obsoletas y que no se adaptan a la creciente interdependencia de nuestro mundo y a la globalización del trabajo, son leyes negativas”, dijo el arzobispo. Pero, al mismo tiempo, advirtió que la substitución de leyes negativas con decisiones que fallen en tomar en cuenta tanto la dignidad humana como el interés nacional, no significa ningún progreso.

El arzobispo Wenski también comparó la situación actual de inmigración con la que aparece descrita en la novela del siglo XIX escrita en francés por Víctor Hugo, “Les Miserables”, en la que se narra, dijo el arzobispo, “cómo el falso orgullo y la falta de compasión encarnadas en el amargo y fanático legalismo del inspector Javert, uno de los personajes, acaban por destruirlo a él mismo. El día de hoy, dijo el arzobispo, los modernos Javerts, que están a cargo de programas de radio y de televisión, echan llamas de resentimiento en contra de aquellos que supuestamente quebrantan la ley, comparándolos con terroristas que tratan de dañarnos”.

Y el arzobispo continuó: “Sin embargo, estas personas lo que solamente piden es tener la oportunidad de tener estado legal y poder gozar de la ciudadanía; la oportunidad de salir de las sombras en donde viven presa del temor, con miedo de que alguien les toque la puerta de su casa al filo de la madrugada o temiendo una redada en el lugar en donde trabajan”.

La Misa concelebrada en la iglesia católica St. Peter’s, a dos calles del Capitolio, contó con la presencia de seis obispos y otros seis sacerdotes. La mayoría de esos obispos habían participado en otra Misa que se celebró en la frontera con México, el mes de abril pasado, dedicada al apoyo de la reforma de inmigración, en memoria de los inmigrantes que han muerto en su travesía a Estados Unidos, y en solidaridad con las familias destruidas por las deportaciones y prácticas de inmigración.

En una rueda de prensa, después de la Misa, cerca del Capitolio, el obispo Gerald F. Kicanas de Tucson, Arizona, habló de lo que los obispos habían aprendido en su visita a la frontera y de lo que les comunicarían a los miembros del Congreso con los que iban a entrevistarse.

Volviendo a la Misa que se celebró anteriormente junto a la cerca de la frontera en Nogales, diócesis del obispo Kicanas, los obispos aprovecharon su estadía en Arizona para caminar la ruta del desierto que siguen los inmigrantes. También se entrevistaron con miembros de la Border Patrol, ofrecieron una comida en un comedor familiar para las personas víctimas de deportación, se entrevistaron con mujeres deportadas que estaban en un refugio de México y visitaron las instalaciones del médico forense del condado de Pima, cuyo trabajo es identificar los cuerpos inertes de los que mueren en el desierto.

“Cuando uno conoce cara a cara a un inmigrante y escucha su historia y sus luchas, uno experimenta un poderoso efecto que cambia la forma de pensar de uno”, dijo el obispo Kicanas.

El obispo auxiliar Eusebio L. Elizondo de Seattle, quien preside el Comité de Inmigración de los obispos de Estados Unidos, dijo que acababa de regresar de Latinoamérica, en donde se había entrevistado con varios obispos de la región, muchos de los cuales expresaron su preocupación por el trato que se les da a sus compatriotas, cuando intentan mejorar su vida viniendo a los Estados Unidos; y su preocupación, también, por tantas familias destrozadas cuando alguno de sus miembros sufre la deportación.

De regreso en Washington, en la iglesia de St. Peter’s, una cuestión que se les presentó a los obispos fue: “¿Es inmoral el no estar de acuerdo con ustedes?” El periodista sugirió una postura diferente sobre la reforma de inmigración que era “asunto de juicio prudente”.

“La moralidad del tratamiento que los obispos le dan al asunto de inmigración emana directamente del Evangelio”, dijo el arzobispo Wenski. Y citó las palabras de Jesús “Era yo extranjero y ustedes me dieron la bienvenida”. “La parte de prudencia se manifiesta en la forma en la que actualizamos esto”.

El obispo Kicanas dijo que la forma como tratamos el asunto con personas que no están de acuerdo es algo clave. “Es importante no usar demagogia con personas que tienen temor de los inmigrantes o están enojadas con ellos”. “Es importante estar con ellos y ayudarlos a que vean el mensaje del Evangelio”.

El obispo Óscar Cantú de Las Cruces, Nuevo México, quien también estuvo en la Misa celebrada en la frontera, le dijo al Catholic News Service, después de la rueda de prensa, que la experiencia vivida en la frontera añadía un sentido de urgencia para tratar el asunto de la reforma de inmigración.

Y dijo que en su diócesis, por medio de Catholic Charities se trata de ayudar a diario a familias que están incompletas, debido a las deportaciones. Y la caminata que emprendieron los obispos a través del desierto “fue muy poderosa” para ilustrar los riesgos a los que se exponen las personas que están dispuestas a escapar de la pobreza y de la violencia en su país respectivo de origen.

“La gente no viene a los Estados Unidos pensando que les va a ser fácil”, dijo. Es casi imposible cruzar la frontera ilegalmente, uno solo, especialmente con el aumento de fuerzas de seguridad y otros recursos instalados en la última década, dijo el obispo; peor ahora que la industria de contrabando con seres humanos está controlada por los grupos criminales dedicados al tráfico de personas y drogas. “Esto pone, verdaderamente, muchas vidas humanas en peligro”.

 

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