Esperanza en El Señor — Oh Santísimo Sagrado Corazón

Archbishop Joseph E. Kurtz

Archbishop Joseph E. Kurtz

“Ven a mi … que soy manso y humilde de corazón”. Las palabras de Jesús citadas en el Evangelio de acuerdo a San Mateo al término del capítulo 11 han hecho eco por siglos y tocado los corazones por Su gran misericordia.

La semana pasada celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, y me gustaría recordar esta fiesta para su reflexión. El papa Francisco ha dicho la palabra misericordia más que ninguna otra palabra, y al proclamar la gran misericordia de Dios, él hace real lo que la profundidad espiritual ha conocido por siglos de la boca propia de Jesús. Jesús, quien proclamó bienaventurados los que muestran misericordia, demostró Su misericordia desde el púlpito de la cruz cuando sangre y agua emanaron de su santo costado y la Iglesia nació.

Al ir creciendo recuerdo la gran estatua del Sagrado Corazón de Jesús en mi parroquia. Recuerdo la mirada tierna de Jesús, iluminándonos para venir a él, sin importar nuestras culpas o pecados.

Aunque la fuente es de las Escrituras, se me ha dicho que San Bernardo de Claraval, el antiguo monje cisterciense, predicó el tema del Sagrado Corazón de Jesús y se esparció como un fuego salvaje. ¿Por qué no? Nosotros desesperadamente anhelamos escuchar las palabras de consuelo y misericordia en un mundo tan lleno de juicios crueles.

Posteriormente en el siglo XVII, Santa Margarita María Alacoque, una hermana de la visitación de Paray-le-Monial en Francia, le fue dada el don de tener visiones de Jesús quien se le apareció como el Sagrado Corazón. Recuerdo haber visitado la Basílica dos veces a principios de los 80’s y de nuevo en el 2003 – y me impresionó que Jesús escogería una encantadora y tranquila parte rural de Francia para aparecerse a una humilde mujer religiosa.

San Juan Pablo II haría que esta devoción ocupara un lugar central en su promoción de los diarios de Santa Faustina y la creación del Domingo de la Divina Misericordia el segundo Domingo de Pascua. En su encíclica, “Dives in Misericordia” (“Rico en Misericordia”), proporcionó una gran base.

Para prepararme para esta fiesta, fui a una peregrinación… no a un país lejano. Fui a la siguiente puerta, a nuestra Catedral. Por mi cuenta caminé por la santa puerta del jubileo de la misericordia, que en la Catedral está al lado izquierdo del altar. Al caminar le pregunté a Jesús y a su Sagrado Corazón que tuvieran misericordia de mí y del mundo entero.

Después hice una pausa para orar ante Jesús en la Capilla del Santísimo Sacramento en la parte trasera del Santuario. Al orar por una renovación, recuerdo a nuestros sacerdotes y a todos los fieles de la Arquidiócesis, especialmente aquellos que están realmente desesperados de vivir la misericordia de Jesús.

Al orar, pude percibir las preparaciones para la comida que sería servida al mediodía que provenían de la parte debajo de la capilla. El Sandefur Dining Hall, que ahora tiene 14 años es el escenario para la comida caliente servida a aquellas personas en nuestra comunidad que de otra manera no tendrían comida. Casi podía escuchar a Jesús decir las palabras de envío que llenan los encuentros en el Evangelio con aquellos que experimentan su misericordia. Él los enviará a servir: “Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo” (Juan 13:15).

Saliendo la capilla, salí al exterior del patio que corre a lo largo del lado sur de la Catedral y, gracias a la creatividad del padre Jeff Nicholas hice una pausa en cada estación que contiene las obras corporales y espirituales de la misericordia. Dar de comer, visitar, consolar, corregir… todos los pasos que somos llamados a hacer o más bien, que Jesús hará en y a través de nosotros… impartiendo misericordia a otras personas en su nombre. Libremente ustedes han recibido, así que libremente den (Mateo 10:8). Jesús, manso y humilde de corazón haz mi corazón semejante al tuyo.

Al ustedes reflexionar en el Sagrado Corazón de Jesús, por favor recuerden a los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis. Esta semana, nos reunimos para nuestra asamblea anual en Saint Meinrad. Esta asamblea sucedió al mismo tiempo durante el cual somos llamados a orar por la santificación de sacerdotes, así que les pido por sus continuas oraciones.

Arzobispo Joseph E. Kurtz

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