Tras 40 años de su martirio, san Romero influye a la iglesia estadounidense Por Rhina Guidos

San Óscar Romero aparece en esta foto sin fecha saludando a fieles en San Salvador, El Salvador. San Romero continúa hasta este día influenciando a los miembros de la iglesia de Estados Unidos, desde los laicos hasta los obispos de los Estados Unidos, algunos quienes buscan su figura como modelo de seguir la enseñanza de la iglesia, de defender a los vulnerables y proteger los derechos humanos de los pobres. (Foto CNS-Octavio Duran)

Por Rhina Guidos
Catholic News Service

WASHINGTON — San Óscar Arnulfo Romero de El Salvador siempre mantuvo una línea abierta de comunicación con la iglesia en los Estados Unidos, cuyos líderes y laicos a menudo apoyaban al arzobispo de San Salvador cuando se oponía a la ayuda militar o al entrenamiento soldados de su país pagados con dinero de Estados Unidos.

Incluso después de su martirio el 24 de marzo de 1980, su ejemplo y legado de solidaridad con los pobres siguió siendo una misión para la iglesia de Estados Unidos, cuyos miembros presionaron durante mucho tiempo al Congreso contra el dinero que se usaba para hacer daño al pueblo salvadoreño.

San Romero continúa hasta este día influenciando a los miembros de la iglesia de Estados Unidos, desde los laicos hasta los obispos de los Estados Unidos, algunos quienes buscan su figura como modelo de seguir la enseñanza de la iglesia, de defender a los vulnerables y proteger los derechos humanos de los pobres.

Para una iglesia en la capital estadounidense de Washington, eso ha tomado la forma de seguir, muy literalmente, los pasos del santo salvadoreño, canonizado en 2018, ayudando a una comunidad pobre cerca de la capital salvadoreña de San Salvador visitada de una manera muy publica por san Romero.

Como arzobispo, san Romero visitó el barrio de La Chacra en 1979, una visita capturada en video: niños corren hacia el prelado, vestido con una sotana blanca. También se le ve saludando a mujeres con un grupo de monjas cerca de una casas de cartón al lado de la vía del tren.

El barrio es exactamente el lugar donde, por más de 20 años, la parroquia Holy Trinity, o Iglesia de la Santísima Trinidad, de Georgetown en Washington ha tenido una relación de “parroquia hermana” con una iglesia en el lugar donde san Romero consolidó su imagen como amigo de los pobres. En la iglesia de María de los Pobres de La Chacra, los feligreses de Washington hacen visitas regulares durante el año para “acompañar” a sus compañeros católicos, a pesar de que las dos parroquias no podrían ubicarse en entornos más diferentes.

La parroquia Santísima Trinidad, administrada por jesuitas, está rodeada de casas de algunos miembros del Congreso de Estados Unidos, muchos de ellos diplomáticos y otros notables de Washington. John F. Kennedy ocasionalmente asistía a misa allí cuando era presidente de los Estados Unidos.

María Madre de los Pobres se encuentra en un vecindario conocido por la violencia de pandillas, o maras, además de la pobreza, y es el lugar donde feligreses de Santísima Trinidad, como Margie Legowski, dicen que han encontrado el Evangelio de la siguiente manera: “creer en las personas que son pobres, confiar en el Señor con todo su corazón y ser una comunidad de fe. Me han mostrado lo que significa vivir la fe”, dijo Legowski en una entrevista por correo electrónico el 11 de marzo con Catholic News Service.

“Me han demostrado que Dios está muy vivo aquí y ahora. Y me han enseñado a amar a san Óscar Romero”.

Su único conocimiento sobre el santo salvadoreño, antes de visitar El Salvador, se basó en la película “Romero”, dijo. “Algo sobre este hombre capturó mi alma, y comencé a leer y ver todo lo que pude encontrar sobre él. ¿Quién era este hombre que era un santo para mi parroquia antes de que la Iglesia Católica lo determinara? ¿Quién era esa imagen capturada en la parroquia y muros de la comunidad, enmarcada en fotos en las paredes de casas y oficinas, estatuas públicas, libros universitarios, canciones, carteles llamativos, pancartas, procesiones, misas especiales … estaciones de la cruz. ¿Por qué era tan especial para mis amigos, y para mí?”

San Romero comenzó a representar la esperanza, el amor y el liderazgo, “una encarnación de lo que quiere decir ‘Siempre estoy contigo'”, dijo Legowski.

Feligreses de la parroquia salvadoreña compartieron con ella, y otros de la iglesia Santísima Trinidad, historias de escuchar las homilías de san Romero los domingos por la mañana, asistiendo a su funeral solo para ser dispersados por disparos y las bombas del gobierno en 1980.

“Romero es su santo, nuestro santo”, dijo. “Ha sido y siempre será”.

En los tiempos de retórica política confusa en los que vivimos, san Romero “me recuerda que no hay mayor amor que caminar despacio y aprender de otros, especialmente de aquellos que viven al margen. Me enseñó que los sistemas sociales y legales pueden ser pecaminosos y que, si nos llamamos católicos o cristianos o defensores de los derechos humanos, tenemos la responsabilidad de cambiarlos” dijo Legowski.

Para el obispo estadounidense Mark J. Seitz de la diócesis de El Paso, san Romero es un ejemplo que “reta e inspira”.

“Creo que la historia de Óscar Romero es una que me mostró cómo puedes pasar de una espiritualidad profunda y una relación profunda con Dios a la acción social, que no son dos cosas separadas sino una forma integral de vivir la vida cristiana basada en los Evangelios”, dijo el obispo Seitz en una entrevista telefónica del 12 de marzo con CNS.

El obispo Seitz citó a san Romero, junto con otros mártires en su carta pastoral titulada “Noche ya no habrá”, publicada en octubre después de un tiroteo masivo en El Paso en agosto, un evento en el cual el tirador llegó armado con el propósito de terminar con la vida de latinoamericanos.

Monseñor Seitz dijo que desea portase igual que los mártires como san Romero: “hablar sin temor cuando sea necesario y ayudar a dar voz a aquellos que no han sido escuchados”.

Y, efectivamente, es lo que hizo eso en su carta pastoral, en la cual analizó la historia y el presente reciente del racismo en la frontera entre Estados Unidos y México. El obispo Seitz ha sido una voz fuerte para los latinos, así como para los inmigrantes y las comunidades fronterizas durante momentos tensos en la frontera entre Estados Unidos y México.

En junio, caminó y rezó con un grupo de migrantes mientras guiaba a un pequeño grupo a través del Puente Internacional Lerdo en El Paso, ayudándoles a buscar asilo en los EE. UU. Junto con otros obispos, ha pedido ayuda económica para mejorar las situaciones socioeconómicas que impulsan la inmigración, y se ha pronunciado fuertemente en contra de demonizar o castigar a migrantes.

Monseñor Seitz dijo que se sintió conmovido cuando, durante una visita a El Salvador, tuvo la experiencia de celebrar misa en la capilla donde el santo salvadoreño fue martirizado en 1980.

“Fue un tremendo privilegio celebrar la misa allí, pero también fue un gran reto. No se puede simplemente celebrar la misa donde Oscar Romero fue martirizado e irse sin sentirse conmovido. Te das cuenta de que su sangre se mezcló con la sangre de Cristo”, él dijo.

San Romero ejemplificó ese caminar con el pueblo, el enfoque de la vida de un sacerdote, dijo.

“Eso es lo que hace cualquier sacerdote”, dijo. “Por eso somos sacerdotes. Un obispo es un sacerdote. Siempre he entendido que ese es mi propósito: estar allí en esos momentos en los cuales no hay palabras, cuando tu presencia en el nombre de Cristo sigue siendo la única cosa que puede ayudar”.

Y san Romero no solo fue un ejemplo de ese caminar con el pueblo, sino un ejemplo de cómo seguir a Cristo, dijo. “Romero era una persona tan profundamente empapada en la fe que no temía a los poderes terrenales”, dijo Monseñor Seitz, “Imitó a Jesús de una manera muy profunda”.

Recordó cómo Jesús enfrentó al rey Herodes y, en el Evangelio según Lucas, leemos cuando Jesús se refirió a él con desprecio como “ese zorro”.

Igual que Jesús, san Romero experimentó dolor y ansiedad profunda, pero imitó al Mesías y “nunca huyó de ello, nunca se acobardó”. En cambio, como Jesús, se enfrentó al poder.

“Romero era igual. Sabía que estaba diciendo la verdad. Estaba pidiendo justicia sin temer las consecuencias y tenía tanta confianza en Dios que ni la muerte acabaría con su vida”, dijo.

Como cristiano, san Romero tenía claro lo que había que hacer, incluso aunque que significara el martirio pero en nombre de defender a los vulnerables.

“Nada iba a desviarlo de su camino, y espero poder ser un obispo así”, dijo Monseñor Seitz. “Dios me ayude si veo que personas están siendo abusadas y heridas, incluso niños indefensos, y no estoy dispuesto a decir nada”.

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