Súplicas de migrantes, realidades fronterizas enfrentan al presidente Biden en El Paso

Yalimar Chirinos, una migrante venezolana de 19 años, muestra un cartel cerca de la frontera entre Estados Unidos y México en Ciudad Juárez, México, el 7 de enero de 2023. El cartel dice “Hola amigos, somos de Venezuela, apóyennos con lo que sale de tu corazón”. (Foto OSV News/José Luis González, Reuters)

Por Maria Pia Negro Chin

“Señor, te pido que me saques de aquí pronto … Quiero estar con mi mami y mi hermana pronto. Amén”.

La oración de una niña migrante en Ciudad Juárez, México, pulcramente escrita en el reverso de una estampita del Sagrado Corazón, fue uno de los recuerdos que el Presidente Joe Biden tendrá de su visita por la frontera entre Estados Unidos y México. El Obispo Mark J. Seitz de El Paso, Texas, entregó esta estampita al presidente hacia el final de su visita a El Paso.

“Ella escribió una pequeña oración en español al reverso (de la estampita), que traduje para el presidente”, dijo el Obispo Seitz en una rueda de prensa el 8 de enero organizada por la representante Veronica Escobar, una legisladora demócrata cuyo distrito electoral incluye todo El Paso y la mayor parte de sus suburbios.

El presidente se reunió brevemente con el obispo de esta ciudad fronteriza, quien es el nuevo presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, así como con otros funcionarios locales y líderes comunitarios ese mismo día.

En este primer viaje a la frontera desde que asumió el cargo de presidente, Biden, quien es católico, buscó “evaluar las operaciones de control fronterizo” y hablar con quienes ayudan a manejar “el número histórico de migrantes que huyen de la opresión política y la violencia de las pandillas en Venezuela, Haití, Nicaragua y Cuba”, según la Casa Blanca.

La visita de Biden, que duró unas horas, se produjo en medio de críticas sobre cómo está manejando la crisis humanitaria en la frontera sur.

Luego de aterrizar en la tarde del 8 de enero, el presidente saludó a los funcionarios locales, al Obispo Seitz y al gobernador de Texas Greg Abbott, quien al igual que Biden también es católico. Abbott le entregó a Biden una carta criticando el enfoque del presidente hacia la inmigración.

Luego, el presidente se dirigió al Puente de las Américas (cuyo nombre oficial es Puente Internacional Córdova-Las Américas), que conecta El Paso y Ciudad Juárez, México, donde observó a los agentes fronterizos demostrar cómo registran los vehículos en busca de drogas y otro tipo de contrabando.

Luego, hizo una parada no programada para caminar a lo largo de una valla de metal que separa la ciudad estadounidense de Ciudad Juárez y para hablar con agentes de la Patrulla Fronteriza. En ese momento, periodistas le preguntaron a Biden qué había observado en la frontera. “Necesitan muchos recursos y se los vamos a conseguir”, respondió.

Su última parada fue en el Centro de Servicios para Migrantes del Condado de El Paso, donde trabajadores se encuentran con las personas liberadas por la Patrulla Fronteriza y las ayudan a encontrar transporte y otros servicios necesarios.

Allí saludó a funcionarios locales, activistas y líderes comunitarios, incluidos el Obispo Seitz, Rubén García de Annunciation House y la Hermana Norma Pimentel de las Misioneras de Jesús, quien dirige Caridades Católicas del Valle del Río Grande en la Diócesis de Brownsville, Texas.

La hermana Pimentel dijo que la presencia del presidente en la frontera fue significativa. La hermana enfatizó la necesidad de unirse como comunidad, incluido el gobierno de la ciudad, la Patrulla Fronteriza y las comunidades religiosas, para salvaguardar la dignidad de las personas mientras se crean políticas para enfrentar el problema de la migración.

“Una de las cosas que nosotros como Iglesia, especialmente las personas de fe, queremos asegurarnos de no perder nunca de vista es el hecho de que son personas, son seres humanos, son familias, son niños, y no podemos perder eso de vista”, dijo durante la rueda de prensa. “Espero que este sea el comienzo de nuevas acciones”.

Este viaje tuvo lugar en medio de la expansión recientemente anunciada del Título 42, una regla federal de salud pública aplicada por la administración Trump durante la pandemia de COVID-19 que permite a los funcionarios de inmigración bloquear la entrada de los migrantes que buscan asilo en la frontera. Programado para finalizar en diciembre pasado, la Corte Suprema de EE.UU. decidió — en una orden de emergencia del 27 de diciembre — mantener el Título 42 en vigencia indefinidamente. El tribunal emitirá un fallo final a finales de este año; escuchará argumentos orales sobre el asunto en febrero.

Bajo una expansión del Título 42, esta medida previene que los inmigrantes de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela ingresen a EE.UU. al tiempo que proporciona algunos caminos legales para que busquen ingresar a este país. Estos requisitos incluyen solicitar entrada o “parole” desde su propio país, llegar por vía aérea con un pasaporte válido y tener un patrocinador que los apoye económicamente en EE.UU.

“Lo que estamos tratando de hacer es incentivar ampliamente, de una manera segura y ordenada, la eliminación de las organizaciones de contrabando (de personas, coyotes)”, dijo el secretario de Seguridad Nacional Alejandro Mayorkas durante el vuelo a El Paso, según un informe del grupo.

Sin embargo, los defensores de la migración, incluidos los obispos de EE.UU., han argumentado que muchas personas que huyen de la violencia y la persecución no calificarían para el programa. En la conferencia de prensa del 8 de enero, el Obispo Seitz dijo que le preocupan los que ya están en camino a Estados Unidos.

“Vendieron todo lo que tenían solo para poder hacer este viaje e hicieron el peligroso recorrido de 3,000 millas”, dijo el obispo Seitz. “Por fin llegan a Ciudad Juárez, por ejemplo, ¿y luego qué? ¿Adónde van?”.

El obispo dijo que él y otros defensores de los inmigrantes compartieron sus preocupaciones con el presidente y sus ayudantes.

Durante su visita de casi cuatro horas a El Paso, Biden no se reunió con migrantes ni pronunció declaraciones públicas. Después de la breve visita, Biden viajó a la Ciudad de México, donde él y los presidentes de México y Canadá participarán en una cumbre de líderes norteamericanos los días 9 y 10 de enero.

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