Reunión de primavera de obispos: ‘obra en progreso’

Un obispo reza el primer día de la asamblea general anual de la USCCB en Baltimore el 11 de junio de 2019. (Foto CNS/Bob Roller)

Por Carol Zimmermann

Catholic News Service

La reunión de los obispos estadounidenses, del 11 al 13 de junio en Baltimore, Maryland, fue algo diferente de lo usual.

“Generalmente, las reuniones de otoño son más pastorales y la reunión de noviembre tiene una agenda más ocupada”, dijo el obispo Michael F. Burbidge de Arlington, Virginia, quien explicó que esta reunión tenía “un sentido de urgencia” y se notaba tanto en las reuniones de los grupos más pequeños como cuando los obispos estaban todos juntos.

“Estuvimos aquí para una tarea específica… y por la gracia de Dios seguiremos adelante”, dijo durante una conferencia de prensa el 12 de junio.

Los obispos usualmente se reúnen dos veces al año como organización. La reunión de primavera de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos suele ser en junio en un lugar diferente cada año y algunas veces es un retiro. La reunión de otoño en los últimos años ha sido siempre en Baltimore. La reunión de primavera de este año se cambió al último minuto a Baltimore resultando en que los obispos no eran los únicos en el hotel, más bien había otras conferencias alrededor.

La última vez que la reunión de obispos de primavera fue casi enteramente dedicada a la crisis de la iglesia, fue en el 2002 en Dallas, sólo meses después de que la iglesia fuera sacudida por una crisis de abuso sexual clerical que generó titulares en el periódico The Boston Globe.

Pero esa reunión se centró en la conducta impropia de los sacerdotes, en cambio la reunión de este año se enfocó en la respuesta a la conducta impropia de algunos obispos y la incapacidad de algunos de ellos de afrontar debidamente los casos de abuso.

Después de sus dos asambleas generales del año pasado, los obispos han enfrentado una necesidad de mostrar a los católicos de EE. UU. que el abuso dentro de sus propias filas no será tolerado.

Fueron afectados el verano pasado por acusaciones de que uno de los suyos, el ex cardenal Theodore E. McCarrick, había cometido abusos durante décadas. Esta vez, sólo una semana antes del encuentro de primavera, surgieron detalles de una investigación ordenada por el Vaticano contra el obispo retirado Michael J. Bransfield de Wheeling-Charleston, West Virginia, mostrando irregularidades financieras y de conducta sexual.

Los nombres de ambos obispos surgieron durante la asamblea en diferentes ocasiones, cuando los obispos hablaron sobre los protocolos a implementar para asegurar que estos incidentes no vuelvan a ocurrir.

El cardenal Daniel N. DiNardo de Galveston-Houston, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU., dio inicio a la reunión el 11 de junio diciendo lo siguiente: “Comenzamos la sagrada labor esta semana de sacar de nuestra iglesia el mal del abuso sexual”.

Pero sólo una semana antes, él mismo había enfrentado una acusación en su contra — la cual negó fuertemente– de haber manejado inadecuadamente el caso sobre una acusación de conducta sexual impropia contra su ex vicario general.

Los obispos también tuvieron que afrontar la carga de asuntos pendientes en esta reunión de primavera: las políticas y procedimientos para responder a la crisis de abuso que ellos mismos tuvieron que dejar de lado en la asamblea general de otoño del año pasado por solicitud del Vaticano. También enfrentaron un asunto nuevo y relacionado al tema: su plan de implementar las normas del papa Francisco emitidas el 9 de mayo, a fin de ayudar a la iglesia a proteger a sus miembros del abuso y hacer responsables a sus líderes.

Aunque los obispos aprobaron todas las medidas relacionadas a la crisis de abuso, ninguno de ellos dijo que estas acciones ayudarían a reiniciar un nuevo momento para la iglesia. En el discurso final, el cardenal DiNardo reconoció que los pasos que habían tomado eran “una obra en proceso”.

Ellos votaron para implementar las normas contenidas en “el motu proprio” del papa, un documento en respuesta al abuso sexual en la iglesia y también aprobaron todas sus propias medidas, incluso una promesa de hacerse responsables de los compromisos de su “Estatuto para la protección de niños y jóvenes”, incluyendo una política de cero tolerancia ante el abuso.

“Nosotros, los obispos de los Estados Unidos, hemos escuchado la indignación expresada por muchos dentro y fuera de la iglesia en relación con estas faltas”, dice el documento, agregando: “El enojo es justificado; nos ha humillado, llevándonos al auto examen, al arrepentimiento y al deseo de hacer las cosas mejor, mucho mejor. Seguiremos escuchando”.

En otros votos que tomaron: los obispos aprobaron acciones que pueden tomar cuando un obispo retirado renuncia o es destituido “debido a una conducta sexual impropia con adultos o grave negligencia en el cargo, o en caso de que luego de su renuncia se compruebe que ha actuado así o no ha sabido actuar”.

También aprobaron la implementación de un sistema independiente operado por terceros que permitiría que las personas hagan reportes confidenciales de acusaciones de abuso contra obispos, por medio de un número gratuito y por internet.

“Lo correcto es que le pongamos atención a esto”, dijo el cardenal Joseph W. Tobin de Newark, New Jersey, al concluir la conferencia de prensa. Agregó que el daño colateral del escándalo de abuso de la iglesia ha resultado en el riesgo de que la gente pierda la fe.

Igualmente destacó que sin los laicos la tarea que enfrentan sería imposible y “altamente irresponsable” poder “proceder con lo que hemos aprobado hoy”.

El obispo Robert P. Deeley de Portland, Maine, presidente del comité de los obispos para asuntos canónicos y gobernanza de la iglesia, el cual supervisa la totalidad de los documentos sobre abusos en los cuales votaron los obispos (excepto el sistema operado por terceros), le dijo a los reporteros al concluir la reunión, que los obispos ya están colaborando con los laicos. No estamos en una iglesia donde los laicos están aquí y los obispos por allá –dijo– refiriéndose a una brecha.

Aunque algunos obispos habían manifestado esperanza el 13 de junio de incluir más participación laica en el monitoreo de la iglesia en cuanto al abuso, el obispo Deeley dijo que los obispos no podían “ir más allá de lo que el Santo Padre ha dado” en las normas que él emitió, pero que eso no significa que los laicos están o serán excluidos –dijo.

Ese fue precisamente el punto que el obispo W. Shawn McKnight de Jefferson City, Missouri, esperaba demostrar cerca del final de la reunión, cuando enfatizó la necesidad de involucrar a los laicos porque “es lo católico”.

Dijo que los obispos, al regresar a sus diócesis después de la reunión, deben ser capaces de decirle a la gente que ellos hicieron todo lo posible para responder a la crisis.

El 13 de junio durante un receso de la reunión, le dijo a Catholic News Service que la iglesia necesita regresar a sus orígenes y a la visión del Concilio Vaticano Segundo de cooperación de los laicos con el clero. Igualmente agregó: “Tal vez Dios está utilizando esta crisis de alguna manera para que retomemos el camino correcto”.

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