Papa dice que está “escandalizado” por retórica antiinmigrante

El papa Francisco se reúne con jesuitas en Tha Kham, Tailandia, el 22 de noviembre de 2019, durante su viaje apostólico al país asiático. En su habitual sesión de preguntas y respuestas con sus hermanos jesuitas, el papa Francisco habló sobre la resistencia a abordar el cambio climático y sobre la hostilidad hacia los migrantes y refugiados. (Foto CNS-Vatican Media)

Por Cindy Wooden

Catholic News Service

VATICAN CITY — El papa Francisco dijo a los jesuitas de Tailandia que estaba “escandalizado” de ciertas retóricas antiinmigrantes que escuchaba en Europa, pero está convencido de que la gente está siendo manipulada para pensar que el único modo de preservar su estilo de vida es construyendo muros.

“El fenómeno de las migraciones se agrava con las guerras, el hambre, y una ‘mentalidad a la defensiva’ que nos hace situarnos desde el temor, y pensar que, al reforzar las fronteras podremos defendernos,” dijo el papa Francisco el 22 de noviembre en su encuentro con 33 jesuitas en Tailandia.

La revista jesuita La Civiltà Cattolica, publicó el 5 de diciembre una transcripción de las respuestas del papa a las preguntas que le hicieron los jesuitas durante la reunión en Tha Kham, Tailandia.

Durante sus viajes al extranjero, el papa Francisco a menudo tiene encuentros con las comunidades jesuitas locales y mantiene una sesión de preguntas y respuestas con ellos. Semanas más tarde, La Civiltá Cattolica publica la transcripción de tales encuentros.

Un jesuita que trabaja con los Servicios Jesuitas para Refugiados en Tailandia hizo una pregunta sobre el ministerio entre migrantes y refugiados.

“El fenómeno de los refugiados siempre ha existido, pero hoy día se conoce mejor a causa de las diferencias sociales, el hambre, las tensiones políticas y, especialmente, la guerra”, respondió el papa. “Por estas razones se están intensificando los movimientos migratorios”.

La mayoría del mundo responde con una “política de desecho”, dijo, “los refugiados son materiales de desecho. El Mediterráneo se ha convertido en un cementerio. La notable crueldad de algunos centros de detención en Libia me sacude el corazón. Aquí en Asia todos conocemos el problema de los Rohingya”.

“Debo confesar que me siento escandalizado de algunas de las narrativas sobre las fronteras que escucho en Europa”, dijo el papa a sus hermanos jesuitas. “En otras partes (del mundo) hay incluso muros que separan a los niños de sus padres”.

Curiosamente, dijo el papa, esos mismos gobiernos no parecen capaces de construir un muro para impedir la entrada a las drogas ilegales.

El papa Francisco indicó que la Biblia y miles de años de doctrina cristiana han animado a dar la bienvenida al extranjero. “Pero también hay muchas pequeñas costumbres y tradiciones de hospitalidad, como la de dejar una silla libre en un día de fiesta, por si llegara un huésped inesperado”.

“Si la iglesia es un hospital de campaña”, les dijo a los jesuitas, “éste es uno de los campamentos donde se va a encontrar a la mayoría de los heridos”.

Pero, recordando la visita a Tailandia del padre jesuita Pedro Arrupe, entonces general de la orden, en 1981, el papa Francisco dijo que el trabajo con refugiados, y cualquier otro apostolado social debe ser sostenido por la oración.

“Debemos recordarlo bien: oración”, dijo el papa. “Es decir, en esa periferia física, no olviden esta otra, la espiritual. Sólo en la oración encontraremos la fuerza y la inspiración para comprometernos con fruto en las complicadas consecuencias de la injusticia social”.

Otro jesuita le preguntó al papa sobre el equilibrio entre la necesidad de denunciar los sistemas sociales injustos y la prudencia que sugiere que a veces guardemos silencio por el bien, o para no complicar las situaciones más.

El papa Francisco dijo que no había una respuesta fácil a esa pregunta. El modo correcto sólo se puede hallar a través de la oración y el discernimiento de la situación concreta. “No hay reglas que sean definitivas y siempre válidas”.

Y, añadió, “a veces no se abre una amplia avenida de oportunidad e, incluso si eso ocurriera, podría no ser el camino correcto a emprender. A veces, funcionan mejor los senderos que las autopistas: ésos pasan por las periferias, pero de todos modos te llevan a tu destino. No son rígidos, ni evidentes, ni grandes, pero sí son eficaces”.

“A veces, sin embargo, cuando queremos que todo esté bien organizado, preciso, rígido y siempre definido de la misma manera, entonces nos convertimos en paganos, incluso si vamos disfrazados de sacerdotes”, dijo el papa. “Creo que Jesús habló mucho sobre la hipocresía farisaica a este respecto”.

Otro jesuita le preguntó al papa Francisco cómo deberían servir a católicos que se han divorciado y casado de nuevo por lo civil. “Podría contestarte de dos maneras: de manera casuística, que sin embargo no es cristiana, aunque fuera eclesiástica, o según el magisterio de la iglesia como está en el octavo capítulo de ‘Amoris Laetitia'”–su exhortación apostólica sobre la familia de 2016.

El documento, dijo, urge a los pastores a “caminar, acompañar y discernir para encontrar soluciones. Y esto no tiene nada que ver con una ética de situación, sino con la gran tradición moral de la iglesia”.

Cuando le preguntaron sobre la recepción de su encíclica de 2015 “Laudato Si’ sobre el cuidado de nuestra casa común”, el papa Francisco dijo que el Acuerdo sobre el Clima de París fue un gran paso adelante en el tratamiento del cambio climático.

“Pero entonces empezaron los conflictos, las concesiones entre lo que se esperaba y la ‘cartera’, los intereses económicos de ciertos países”, dijo. “Y así, algunos países se retiraron”.

Con todo, dijo, la gente hoy y en especial los jóvenes, “se han hecho mucho más conscientes que antes de la necesidad e importancia de cuidar de nuestra casa común”.

Los jóvenes entienden la encíclica “con su corazón”, dijo. Su compromiso es “una promesa de futuro”.

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