Nuevos presidentes latinoamericanos se enfrentan a obstáculos que el Papa ya había subrayado antes

Por Barbara J. Fraser, Catholic News Service

LIMA, Perú — La construcción de instalaciones en Brasil para la Copa Mundial de Futbol Soccer (FIFA) de este año 2014 y para los Juegos Olímpicos del 2016 estaba a toda marcha el año pasado cuando surgió una ola de protestas que recorrieron todo el país.

“Queremos hospitales estilo asociación de soccer”, se podía leer en uno de los letreros que portaba uno de los manifestantes, en referencia a la poca calidad de los centros de salud del gobierno local comparados con las nuevas instalaciones que se erigían para los eventos deportivos.

Este sentimiento es sintomático de un descontento más profundo que se está formando en Latinoamérica ahora que el progreso económico de una década de duración disminuye y los votantes en cerca de la mitad de los países de la región se preparan para elegir nuevo presidente respectivo este año.

En países que han podido salir del rango de los pobres, en donde una clase media boyante compra automóviles nuevos y aumenta la deuda en tarjetas de crédito, en tanto que nuevos centros comerciales y edificios de apartamentos alteran la vista del horizonte, los siete nuevos presidentes a elegirse en el 2014 tendrán que vérselas con muchos obstáculos a vencer de los que el papa Francisco ya había advertido desde el año pasado.

Y en la lista se destacan “las desigualdades y la falta de integración social”, dijo Roxana Barrantes, profesora de economía en la Universidad Pontificia Católica del Perú, que también dirige el Instituto de Estudios Peruanos de investigaciones de ciencias sociales en la ciudad capital de Lima.

“En muchos países de Latinoamérica la gente cuestiona abiertamente el alto grado de desigualdad en la distribución de los ingresos y de falta de oportunidades para personas que (tradicionalmente) han sido excluidas, en especial gente indígena”, dijo Barrantes.

En años recientes de agitación económica en los Estados Unidos y en Europa, se compensó la balanza con una época de bonanza en Latinoamérica, conforme las inversiones financieras en la región aumentaban y los países sacaban ganancias de los altos precios de bienes de producción tales como minerales y petróleo.

Los buenos tiempos fortalecieron las economías nacionales respectivas y sacaron a mucha gente de la pobreza por primera vez en muchas décadas. La tasa de pobreza de la región se ha reducido casi a la mitad desde el año1990, cuando el 48 por ciento de los latinoamericanos eran pobres y casi la mitad de ellos vivía en extrema pobreza.

Para el año 2012, la proporción de personas que vivían en la pobreza había disminuido un 28 por ciento, de acuerdo con la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Latinoamérica y el Caribe. Sin embargo, todavía quedan unos 164 millones de personas que viven con lo más mínimo para subsistir, cifra equivalente a la mitad de la población de los Estados Unidos.

Los beneficios de los tiempos boyantes han variado de país a país; por ejemplo, cerca de la mitad de salvadoreños viven todavía en la pobreza, comparada esa cifra con un 7 por ciento de uruguayos. Y también hay diferencias dentro de los mismos países, en donde la tasa de pobreza y la falta de trabajo y de oportunidades educativas es la más alta en zonas rurales y entre gente indígena.

Quizá las cifras más evidentes son las de desigualdad en los ingresos. Cerca de la mitad de generación de ingresos de la región va a parar a manos del 20 por ciento más rico de la población, mientras los más pobres representados por un 20 por ciento, recibe solamente el 5 por ciento de los ingresos.

El papa Francisco tenía eso en mente cuando les dijo a políticos y hombres de negocios en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza: “Los éxitos obtenidos han llevado con frecuencia al aumento de falta de integración social, a pesar de que hayan servido para reducir la pobreza para un gran número de personas”.

Y así, ya había avisado de las serias consecuencias de esas disparidades.

“Hasta que la falta de integración social y desigualdad en la sociedad se compongan será imposible eliminar la violencia”, escribió el Papa en su primera carta apostólica llamada “Evangelii Gaudium” (“El gozo del Evangelio”).

“Y así como el mandamiento de ‘No matarás’ coloca claros límites a fin de salvaguardar la vida humana, hoy en día tenemos que decir también ‘un NO’ a la economía de falta de integración y desigualdad”, escribió.

La referencia combinada del Papa con respecto a la desigualdad y a la pérdida de vidas también refleja una tendencia en su Latinoamérica nativa. El temor de la inseguridad se encuentra cerca de cabeza de lista en la preocupación de los votantes en muchos países latinoamericanos, en donde la tasa de homicidios ha aumentado a pesar de que el número de personas que han salido de la pobreza haya aumentado.

Cinco países de la región: El Salvador, Colombia, Venezuela, Guatemala y Brasil, tienen el grado más alto de tasa de homicidios de gente joven, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

En algunos países, especialmente en donde se producen o embarcan drogas prohibidas, el tráfico con las mismas y otros delitos de grupos criminales aumentan la tasa de crímenes. En Honduras, país que tiene una de las mayores tasas de homicidios, el señor Juan Orlando Hernández ganó la presidencia en noviembre pasado, después de que el tema de su campaña fue ley y orden.

También se puede dar el caso de que algunos grupos criminales apoyen con dinero las campañas electorales, especialmente los puestos locales, dijo el analista político Daniel Zovatto, el 30 de enero, en una discusión de grupo sobre elecciones en Latinoamérica en el Wilson Center en Washington.

En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos fortalece su esperanza de reelección más tarde este año con pláticas de paz dirigidas a que disminuya la violencia en su país y permitiéndole al grupo guerrillero más numeroso del país que participe en actividades políticas.

“En las normas mínimas de paz” se debe de incluir “la vida, el acceso al cuidado de salud, a la educación, habitación y trabajo”, dijo el cardenal Rubén Salazar Gómez de Bogotá, durante una asamblea reciente ante el episcopado colombiano.

Para los guerrilleros eso significa que “estos son derechos que no pueden ser violados”, dijo el cardenal Salazar. “Y el gobierno debe de entender que tiene la obligación de promover esos derechos”.

En un sentido, ese es el acto de equilibrio que los presidentes a elegirse este año en Panamá, Costa Rica, El Salvador, Brasil, Bolivia y Uruguay deben de buscar, en momentos en los que los votantes elevan la voz pidiendo mayor participación de la riqueza, cuando al parecer el crecimiento económico de la región parece disminuir.

En Brasil, en donde la presidenta Dilma Rousseff ve amenazada su reelección por la candidata Marina Silva, antigua trabajadora del caucho y servidora doméstica quien se elevó hasta llegar a ser ministra del medio ambiente, se avecinan problemas.

El mes de enero pasado, a cuatro meses antes del inicio de la Copa Mundial de futbol soccer, unos manifestantes incendiaron autobuses de servicio público en protesta de la subida del costo del pasaje, tema semejante de las protestas del año pasado.

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