Las acusaciones contra Chávez ponen de manifiesto la necesidad de que la Iglesia exija rendición de cuentas a los católicos prominentes, afirman sobrevivientes de abusos

Una persona camina cerca de un mural de César Chávez –quien cofundó el sindicato United Farm Workers en 1962– en el campus de la Universidad de San José, en San José, California, el 18 de marzo de 2026. En un comunicado difundido el 18 de marzo, la activista por los derechos laborales Dolores Huerta reveló que se encontraba entre las mujeres y niñas que afirman haber sufrido abusos sexuales por parte de Chávez, quien era ampliamente admirado por sacar a la luz las luchas de los trabajadores agrícolas mientras lideraban el sindicato United Farm Workers. (Foto OSV News/Carlos Barria, Reuters)

Por Gina Christian, OSV News

(OSV News) — Las acusaciones de abuso y agresión sexual recientemente reveladas contra el fallecido líder de los derechos civiles César Chávez reavivan el llamamiento para que la Iglesia “honre nuestras historias”, según declaró a OSV News un sobreviviente latino de abusos sexuales por parte del clero, quien en su adolescencia se reunió con Chávez en varias ocasiones.

Chávez, quien falleció en 1993 a los 66 años, dejó una huella en los esfuerzos católicos por la justicia social en los Estados Unidos: hablaba abiertamente de su fe, se asoció con los obispos católicos del país para apoyar a los trabajadores agrícolas e incluso algunos católicos lo propusieron como posible santo.

Pero tras las recientes revelaciones de que Chávez abusó sexualmente de varias mujeres y niñas en el marco de esa labor, varios sobrevivientes y defensores de los mismos han afirmado que la Iglesia debe exigir responsabilidades a los líderes católicos destacados, incluso si no son empleados directamente ni están supervisados por funcionarios de la Iglesia.

Los recientes informes sobre Chávez han sido “profundamente perturbadores y dolorosos para mí”, afirmó Vince Pérez, un sobreviviente de abusos por parte del clero que sufrió en un seminario de California.

Una investigación del New York Times publicada el 18 de marzo reveló “numerosas pruebas” de que, durante sus décadas de defensa de los derechos de los trabajadores agrícolas y los latinoamericanos, Chávez había abusado sexualmente de dos adolescentes, violado a su colega más cercana, Dolores Huerta, cofundadora de United Farm Workers (la Unión de Campesinos), tenido al menos cuatro hijos fuera del matrimonio y acosado sexualmente a varias otras mujeres.

Hacer balance de las revelaciones sobre la presunta violencia sexual de esta figura nacional evoca un torbellino de recuerdos y emociones para los sobrevivientes, especialmente para aquellos de ascendencia latina, dijeron Pérez y otros en declaraciones a OSV News.

Cuando era seminarista menor, Pérez sirvió brevemente a Chávez, quien se recuperaba en el seminario de St. Anthony en Santa Bárbara, California, tras un ayuno de 25 días en 1968 para expiar la violencia cometida por algunos miembros del sindicato.

“Como uno de los enfermeros, le llevaba algunas de sus comidas y, de vez en cuando, charlaba con él después de las clases”, recordó Pérez, quien no denunció ningún abuso por parte de Chávez, en una declaración, en inglés, enviada por correo electrónico a OSV News.

“En aquel momento, él representaba para mí un poderoso ejemplo de lucha no violenta y compromiso espiritual, sobre todo tras su ayuno público y la atención que este suscitó entre los líderes de la Iglesia y el público en general”, afirmó.

Pero, dijo Pérez, “enterarme que una figura a la que alguna vez admiré, y a quien atendí brevemente durante su convalecencia, ahora sea acusada de manera creíble de violación, de captación y explotación de niñas y mujeres jóvenes, ha sacado a la superficie recuerdos de mi propio abuso en (el seminario de) St. Anthony’s”.

Deborah Rodríguez, otra sobreviviente de abuso sexual por parte del clero, dijo a OSV News que, aunque “no le sorprendió” que un líder como Chávez “pudiera tener algo en el pasado”, todavía está lidiando con sentimientos de dolor, decepción y enojo.

Rodríguez –una pediatra de Tacoma, Washington, que se especializa en atención informada sobre el trauma, al tiempo que recurre a su fe católica para apoyar a otros sobrevivientes a través de una variedad de ministerios– dijo a OSV News que cree que, en casos de abuso por parte de una figura católica prominente que ha expresado públicamente su fe, la Iglesia debe primero “reconocer que esto ha sucedido”, particularmente “en comunidades como la mía, donde tenemos una comunidad predominantemente hispanohablante”.

Además, dijo Rodríguez, los líderes pastorales deberían ofrecer de manera proactiva recursos a los sobrevivientes, demostrando que “si necesitas buscar ayuda, la Iglesia es un lugar seguro para ello”.

“Ese es mi ministerio”, dijo Rodríguez, quien fundó la organización de defensa de los sobrevivientes Somos Supervivientes (We Are Survivors). “¿Cómo podemos hacer de la Iglesia un lugar seguro para los sobrevivientes que están ahí fuera, que vienen a la iglesia, que se verán afectados por esta historia?”.

La respuesta de la Iglesia Católica a las acusaciones contra Chávez tendrá un impacto de gran alcance, especialmente en medio de los esfuerzos en curso para hacer frente a su propia historia de abusos por parte del clero, dijo Sara Larson, directora ejecutiva de Awake, una organización católica independiente sin fines de lucro con sede en Milwaukee, que brinda apoyo y defensa a los sobrevivientes.

“Aunque Chávez no era un representante oficial de la Iglesia Católica, era una figura prominente que hablaba públicamente de su catolicismo y era profundamente respetado por muchos en la Iglesia”, declaró Larson a OSV News. “La forma en que la Iglesia responde a revelaciones como las de Chávez no solo se dirige a los sobrevivientes de ese agresor en particular, sino a todos los que han sido traicionados por alguien en quien deberían haber podido confiar”.

Pérez afirmó que “es fundamental que la Iglesia y los líderes comunitarios no respondan a estas revelaciones sobre Chávez minimizando los hechos, desviando la atención o intentando silenciosamente controlar los daños”.

Los logros de Chávez en materia de derechos civiles “no pueden borrar ni excusar las violaciones” denunciadas por las sobrevivientes, ni servir como “escudo contra la rendición de cuentas”, dijo.

Añadió: “Creo que la verdadera solidaridad con el movimiento de trabajadores agrícolas y con todos los que buscan justicia exige que escuchemos a estas mujeres, tomemos su testimonio con toda seriedad y llamemos a lo que ocurrió por su nombre: abuso”.

Reevaluar el legado de Chávez a la luz de las acusaciones requiere “procesos transparentes” que permitan a las organizaciones, incluidas las iglesias y las organizaciones e instituciones católicas que anteriormente han honrado a Chávez, “acompañar a las sobrevivientes y garantizar que sus conmemoraciones públicas no borren las voces de aquellas a quienes él hizo daño”, dijo Pérez.

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