Esperanza en El Señor — Misericordia: El mensaje más fuerte del Señor

Arch.J.Kurtz.Headshot.RGB.09-10En la lectura del Evangelio para el quinto domingo de la Cuaresma, escuchamos el poderoso encuentro de Jesús, la mujer encontrada en adulterio, y sus acusadores. Como dos lados de la moneda, Jesús toma dos pasos. Primero, Él le dice a los acusadores que el que no tenga pecado arroje la primera piedra. Por supuesto, uno por uno de los acusadores recuerda suficiente debilidad e imperfección en su vida por lo que la multitud se va reduciendo cada vez más. Finalmente, solo están Jesús y la mujer. Jesús le pregunta si todavía quedaba uno que la acusara. Cuando ella responde que ninguno, Jesús dice yo tampoco te acuso. Jesús perdona a la mujer y la misericordia de Dios fluye en su vida.

Esta historia ha hecho su camino en la cultura popular, y continuamente escuchamos la advertencia en contra de arrojar la primera piedra. El tema de la misericordia, también se encontraba en la mente de nuestro Nuevo Santo Padre, Papa Francisco. Un poco después de su elección al Ministerio Petrino, predicó acerca de la misericordia siendo “el mensaje más fuerte del Señor”, y en su corto tiempo como Santo Padre, ha hablado elocuentemente acerca de la ternura y misericordia de Dios. En un mundo que frecuentemente es cruel y que se separa de aquellos con mayor necesidad, su mensaje de tierno perdón y atención al pobre nos ha cautivado a todos.

A veces, olvidamos el segundo paso importante del obsequio de la misericordia, Jesús permite que la misericordia de Su Padre sea completada en el corazón de la mujer arrepentida cuando Él dice:”Vete, y de ahora no vuelvas a pecar”. Así como un salvavidas que rescata a un nadador ahogándose en aguas profundas no lo regresa sin aliento de nueva cuenta al agua. Así Jesús, no permite que la mujer se vaya antes de que la llame a la conversión. Él le ofrece el mejor camino – vida en abundancia – y así completa el acto de misericordia. En esta hermosa escena, descubrimos misericordia duradera.

Nosotros que buscamos descubrir la dignidad de nuestra identidad como hijos de Dios hacemos una humilde petición en el perdón del Señor para recibir la misericordia de Dios, y somos invitados a completar la recepción de la misericordia en nuestros corazones alejándonos del pecado. Dicha acción no es simplemente nuestra manera de agradecer a Dios por el perdón. Sino mas bien esta acción, la cual ha sido llamada un firme propósito de enmienda es en sí misma parte de este acto misericordioso. Sin la gracia de Dios, no tendremos el poder de alejarnos del pecado.

Este entendimiento de la conexión necesaria de la misericordia, perdón y conversión es tan importante en nuestra cultura que no parece separar el comportamiento de la persona. Creo que fue Einstein quien definió la locura como haciendo la misma cosa una y otra vez y esperando resultados diferentes. Ya sea robo, carencia de castidad, el no honrar a los padres y madres, o violando cualquiera de los Diez Mandamientos, la fluidez de la misericordia de Dios y la vida en abundancia prometida por Jesús implica alejarse de comportamientos que no apoyan nuestra dignidad total como hijos de Dios, especialmente patrones repetitivos de comportamiento pecaminoso que contribuyen a nuestro quebrantamiento. A través del perdón, nos volvemos más de lo que siempre hemos soñado que podemos ser. Esto es vida en abundancia.

La semana pasada, mas de 600 hombres participaron en la Conferencia de Hombres Católicos. El tema fue “Es Grandioso Ser Católico”. Había muchos elementos de gran alcance de esta mañana rica y completa.

Para mí, quizás lo más conmovedor fue el observar a tantos hombres recibiendo el Sacramento de la Reconciliación. Más de una docena de sacerdotes escucharon confesiones y, ¡yo tuve el privilegio de escuchar confesiones por casi dos horas seguidas!

Vaya, que bueno fue el ser parte de esa misericordia de Dios fluyendo en los corazones de estos hombres. Tal y como Jesús le habló a la mujer en el Evangelio, “Yo tampoco te condeno. Vete, y desde ahora no vuelvas a pecar”, de nueva cuenta Jesús habló estas mismas palabras a estos hombres así como Él habla estas palabras continuamente a un mundo desesperadamente necesitado de perdón, esperanza, y el sabor de vida en abundancia.

Durante Semana Santa nos acercamos a nuestro Salvador Jesucristo. El Viernes Santo, seremos recordados que Él murió por nuestros pecados, y el Domingo de Pascua, el hecho de su resurrección traerá gran esperanza a nuestro levantamiento por encima de la debilidad y el pecado. Únanse a mí en celebrar estos días el Triduo. Y recuerden, nunca es muy tarde para acercarse al Señor en el Sacramento de la Reconciliación.

Arzobispo Joseph E.Kurtz

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