Esperanza en El Señor — La Historia de Dos Santos

Mi pasaje favorito del papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, nos llama a: “… ¡Alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa! (#261)

El papa Francisco expresa una nueva energía y entusiasmo que exclama y exhorta. Algunos la llaman una nueva confianza y atracción que está llenando la atmósfera y que trae atención hacia Cristo y la Iglesia. Estoy de acuerdo con esta caracterización y la vivo cuando tantos de cada rincón de la arquidiócesis se reunieron el pasado martes en la Misa del Santo Crisma y de nuevo en el fin de semana de la Vigilia Pascual. Tuvimos 4 bautismos de adultos en la Catedral y sentí el entusiasmo de aquellos renovando sus promesas bautismales y especialmente de aquellos siendo bautizados.

En su obra maestra del siglo quinto, Confesiones, San Agustín escribió acerca de como la belleza de Dios emerge tan antigua y tan nueva, así como la presencia de la santidad en el Iglesia. Esta es la amorosa cita de San Agustín: “Tarde te he amado, Belleza tan antigua y tan nueva, tarde te he amado! Y estabas en mi interior, y yo estaba fuera de mi mismo. Y te buscaba fuera de mí; me arrojaba, en mi fealdad sobre la gracia de tus criaturas. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo, retenido lejos de ti por esas cosas que si no estuviesen en ti no existirían. Me has llamado y tu grito ha forzado mi sordera, tú has brillado y tu resplandor ha alejado mi ceguera. Exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo. Gusté de ti y ahora siento hambre y sed de ti. Tú me has tocado y ardo en ardor por la paz que das”.

Este fin de semana, dos grandes Papas serán canonizados santos – dos testigos fieles del modelo de Jesucristo. En ambos hombres, encontramos la belleza de Dios que es siempre tan antigua y tan nueva.

El papa Juan XXIII fue el cuarto de 14 hijos. Fue elegido Papa en 1958 a la edad de 76 años después de once votaciones. Yo estaba en séptimo grado cuando fue elegido y rápidamente llegamos a conocer acerca del amoroso nuevo Papa que se sorprendió tanto como cualquier otro sobre su elección. Sabemos esto porque el vino a Roma con un boleto de tren de regreso a Venecia.

Claro que, el papa Juan XXIII es recordado especialmente por anunciar el Concilio Vaticano II. Una de sus primeras encíclicas me vino a la mente al prepararme para la homilía de la Misa del Santo Crisma, especialmente al hablar de la conmovedora renovación de promesas sacerdotales que recibo cada año en esta Misa.

Cité de la encíclica del Papa Juan XXIII, la cual fue publicada en el centésimo aniversario de la muerte de San Juan Vianney en 1959. Las tres primeras palabras en latín lo dicen todo: “Sacerdotii nostri primordia”, la cual es traducida “desde el principio de nuestro sacerdocio”. El buen papa Juan tenía una facilidad así como el papa Francisco de mover nuestros corazones para escuchar el llamado de Jesús de nuevo. ¡Estoy contento de que él será reconocido como un santo de Dios!

El papa Juan Pablo II, nuestro nuevo segundo santo, es igualmente querido. Yo tenía solo seis años de sacerdote cuando el irrumpió en el mundo a través de otra elección sorpresiva como ¡un Papa de Polonia que era joven, brillante, valiente e inspirador! Ya que muchos de nosotros crecimos con Juan Pablo II, es maravilloso tenerlo como nuestro intercesor en el cielo.

Recuerdo estudiando muchos de sus escritos cuando era un sacerdote joven desde su primera encíclica Redemptor Hominis sobre Cristo como redentor del mundo, hasta Dives In Misericordia en donde él escribió acerca de Dios quien es “rico en misericordia” hasta sus exhortaciones apostólicas sobre la familia Familiaris Consortio, y la rica enseñanza ahora llamada Teología del Cuerpo. Yo leí  entusiasmado su exhortación apostólica sobre el sacerdocio Pastores Dabo Vobis, (Los llamo Pastores), para renovar mi fervor sacerdotal, y esta encíclica guio hacia una renovación profunda en el seminario y en la formación continua de sacerdotes a través de todo el mundo.

Tuve el privilegio de reunirme con el papa Juan Pablo II tres veces. La primera vez, en 1981 mi hermano Georgie y yo encontramos a un Juan Pablo vigoroso y energético. Después en 1997, cuando estaba con compañeros de clase celebrando nuestro jubileo de plata, encontré a un Juan Pablo que se movía más lentamente y quien habló de Hemingway y “el viejo y el mar”. (Me dicen que ¡él se veía a sí mismo en ese héroe marinero que se desgastó a sí mismo por una gran causa en el mar!) Por último, lo vi en el 2004, a solo unos meses antes de su fallecimiento, en una visita ad limina como Obispo de Knoxsville. Mi visita de 10 minutos lo revelaron completamente desgastado pero muy interesado en la vida de la Iglesia en los Estados Unidos.

Al invitar a los sacerdotes a la Misa del Santo Crisma para responder al llamado de Juan XXIII de regresar al principio de su sacerdocio, compartí una reflexión de 1987 del papa Juan Pablo II sobre la historia de su vocación: “Muy a menudo me preguntan, especialmente gente joven, por qué me volví sacerdote… Déjenme les respondo brevemente. Debo empezar por decirles  que es imposible explicarlo por completo. Ya que permanece un misterio, incluso para mí. ¿Cómo explica uno las formas de Dios?  Sin embargo sé, que en cierto punto de mi vida, me convencí de que Cristo me decía lo que le ha dicho a miles antes que a mí: “¡Ven, sígueme!”… Cristo me estaba llamando a servirlo como sacerdote”.

¡Qué bueno que la gracia de Cristo brilla a través de nuestros nuevos santos! Esta es la belleza tan antigua y tan nueva, y somos inspirados por ello en las vidas del papa Juan XXIII y el papa Juan Pablo II.

ARZOBISPO JOSEPH E. KURTZ

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