Esperanza en El Señor — El regalo de nuestros sacerdotes

Arzobispo Joseph E. Kurtz

El mes pasado me reuní con sacerdotes de la Arquidiócesis a celebrar una maravillosa Misa Jubilar, seguida por una agradable comida. Entre las grandes tradiciones en Louisville, ésta Misa Jubilar que sucede cada año tan cercana al Kentucky Derby ocupa la cabeza de la carrera para mí, aunque disfruto mucho del Derby.

La celebración tiene una elegancia sencilla. Primeramente nos reunimos para Misa, siempre una gran asistencia para honrar a nuestros sacerdotes. Este año honramos a cuatro jubilares de plata, dos de aniversario de oro, y un sacerdote que celebró 60 años de servicio sacerdotal.

Usualmente, uno de los jubilares oficia el sermón, y este año, Fr. Scott Wimsett realizó un buen trabajo. Después nos retiramos al sótano de la Catedral para un tiempo social y cena. Al término de la comida, un sacerdote – el jubilar o alguien a quien él invita – habla por aproximadamente cinco minutos. Si bien el tono de las presentaciones es muy alegre y francamente a menudo divertido, bajo la superficie es revelado el gran amor de un hermano sacerdote y un profundo respeto y amor por el sacerdocio de Jesucristo.

Por supuesto, cada persona bautizada comparte en la dignidad sacerdotal de Jesús. Aquellos marcados por la Orden Sacerdotal, sin embargo, tienen una relación especial de servicio con el Obispo. Para citar la homilía del rito de ordenación, ellos son “…colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio, son llamados al servicio del Pueblo de Dios.”

Este año damos la bienvenida a tres sacerdotes recientemente ordenados y a dos sacerdotes que son Carmelitas de María Inmaculada (CMIs) de la India, además honramos a un grupo de trabajadores — “sacerdotes jubilados” quienes algunas veces trabajan tan duro como lo hicieron antes de jubilarse. ¡Somos siempre bendecidos!

“Jubilación” es una palabra curiosa de utilizar cuando se asocia a un sacerdote, porque canónicamente uno no se jubila de ser sacerdote. Las diócesis, sin embargo, marcan un tiempo cuando un sacerdote renuncia de su cargo, lo cual regularmente involucra cuidado de una parroquia como pastor, pero varios “sacerdotes jubilados” generosamente continúan sirviendo mientras que su salud y circunstancias lo permitan. Estos finos sacerdotes quienes trabajan hasta su jubilación por años recuerdan el Salmo 110, con frecuencia cantado en la ordenación de un sacerdote mientras que sus manos son ungidas y él es vestido con estola y casulla – palabras hacen eco además en la Carta a los Hebreos 7:21 en donde Jesús es exaltado como “… un sacerdote por siempre, de acuerdo a la orden de Melquisedec.”

La historia de cada sacerdote es preciada y vale la pena contarse. Un hombre — 60 años de sacerdote — es tanto excepcional como típico. Sirviendo en la parroquia St. Michael desde 1997 después de su “jubilación” formal, Fr. Kenny Kamber es muy conocido por su generoso y amable sentido pastoral y presencia.

Además él está muy involucrado en la comunidad. Recientemente, fue honrado por Kentucky Right to Life por su incansable, valiente y compasiva preocupación por niños en el vientre así como de sus padres y familias. 

Después de la Misa de Jubileo, yo tweeted su foto y recibí mas re-tweets de lo que usted puede imaginar. Es un regocijo para mí de sobresaltar y alabar a Dios por el obsequio del Fr. Kenny Kamber. Desde cada esquina de la Arquidiócesis, él es profundamente admirado y apreciado. Al ser excepcional, es además típico de los sacerdotes trabajar día y noche en servicio de los fieles.

A comienzos del mes, en la Asamblea Presbiterial en St. Meinard, Fr. Ron Knott se refirió al llamado universal de santidad que es el centro del escenario en los documentos del Concilio Vaticano Segundo. De manera particular, el capítulo 5 de la Constitución Dogmática de la Iglesia, conocida como Lumen Gentium (de las dos primeras palabras del documento que se refieren a Jesucristo como la luz de todas las naciones), perfila el único camino trazado para sacerdotes en su camino a la santidad. El numero 41 dice que los presbíteros: “crezcan en el amor de Dios y del prójimo por el diario desempeño de su oficio. Conserven el vínculo de la comunión sacerdotal, abunden en todo bien espiritual y sean para todos un vivo testimonio de Dios, émulos de aquellos sacerdotes que en el decurso de los siglos, con frecuencia en un servicio humilde y oculto, dejaron un preclaro ejemplo de santidad.”

San Agustín combatió los principios de una herejía a principios de la Iglesia conocida como Donatismo, que falsamente clamaba que el poder del sacramento dependía de la santidad particular del ministro y no de la abundante gracia de Dios. En ello, el reconoció la debilidad de los obispos y sacerdotes y los llamó a santidad profunda – para que así los sacramentos los acercaran más a Cristo al servir como canales de Su gracia.

Reconociendo la fragilidad en nosotros, al mismo tiempo agradezco a Dios por las bendiciones de nuestros sacerdotes. Hemos sido bendecidos en abundancia. ¡Qué bueno es tener celebraciones jubilares que nos recuerdan nuestras bendiciones!

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