
By Gina Christian, OSV News
(OSV News) — En medio de las tensiones nacionales y mundiales de hoy, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha convocado una Hora Santa por la paz como “un momento de renovación para nuestros corazones y para nuestra nación”.
En una declaración del 28 de enero, el arzobispo Paul S. Coakley de Oklahoma City, presidente de la conferencia episcopal (USCCB, por sus siglas en inglés), afirmó que “el clima actual de miedo y polarización, que se intensifica cuando se ignora la dignidad humana, no cumple con el estándar establecido por Cristo en el Evangelio”.
Señaló “el reciente asesinato de dos personas por agentes de inmigración en Minneapolis y el de un hombre detenido en Texas” haciendo referencia a las muertes de Renee Nicole Good y Alex Pretti, asesinados por agentes federales el 7 y el 24 de enero, respectivamente, mientras protestaban contra las medidas de control de la inmigración en Minneapolis.
El arzobispo Coakley pareció hacer referencia a la muerte del inmigrante cubano Geraldo Lunas Campos, cuya muerte el 3 de enero en un centro de detención de inmigrantes de Texas ha sido calificada como homicidio.
Campos, el tercer detenido fallecido en el centro, había pedido medicamentos antes de que, al parecer, los guardias lo tiraran al suelo, según el testimonio jurado ante el tribunal de varios compañeros detenidos. Los funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas del centro afirmaron que Campos había muerto al intentar suicidarse y que los guardias habían intentado salvarlo. El 27 de enero, un juez federal impidió al gobierno federal deportar a los testigos hasta que pudieran prestar su declaración.
El mensaje del arzobispo Coakley se produce en medio de un creciente coro de protestas de los obispos católicos del país por el orden nacional e internacional cada vez más deteriorado.
Durante su reunión plenaria anual en noviembre, la USCCB emitió un mensaje pastoral especial sobre la inmigración, en el que condenaba “las deportaciones masivas e indiscriminadas” y rezaba por “el fin de la retórica inhumana y de la violencia, ya sea dirigida contra inmigrantes o contra los organismos de seguridad”.
En su mensaje del 28 de enero, el arzobispo Coakley reconoció que “muchas personas hoy se sienten impotentes ante la violencia, la injusticia y los disturbios sociales”.
“A quienes se sienten así, deseo decirles claramente: su fidelidad importa. Sus oraciones importan. Sus actos de amor y obras de justicia importan”, afirmó.
El arzobispo Coakley dijo que estaba “profundamente agradecido por las innumerables maneras en que los católicos y todas las personas de buena voluntad continúan sirviendo a los demás y trabajando por la paz y la justicia”.
“Ya sea alimentando a los hambrientos, acogiendo al forastero, cuidando a los enfermos, acompañando a los que experimentan la soledad, visitando a los encarcelados o esforzándose a diario por amar a sus prójimos, ninguna obra de misericordia ni acto de justicia es en vano ante los ojos de Dios”, dijo el arzobispo Coakley.
“Si bien las leyes deben ser respetadas, las obras de misericordia, la asamblea pacífica y el cuidado de las personas en nuestra comunidad son signos de esperanza y construyen la paz con mayor certeza que la ira o la desesperación”, afirmó.
Haciendo referencia a la cita de Mateo 10,42, añadió: “Cristo nos recuerda que incluso ‘un vaso de agua fría’ dado en su nombre no quedará sin recompensa”.
El arzobispo invitó a “mis hermanos obispos y sacerdotes de todo Estados Unidos a ofrecer una Hora Santa por la Paz en los próximos días”, proporcionando un enlace a una página web de la USCCB con instrucciones, lecturas de las Escrituras y una “Letanía de la Paz”.
Las instrucciones también incluían un pasaje de la encíclica de San Juan Pablo II de 1987 “Sollicitudo Rei Socialis” (La preocupación de la Iglesia por el orden social), que a su vez conmemoraba el vigésimo aniversario de la encíclica de San Pablo VI de 1967 “Populorum Progressio” (“Sobre el desarrollo de los pueblos”).
El pasaje citado de la encíclica de San Juan Pablo II, que enfatizaba la centralidad de la Eucaristía, afirmaba que, si bien “ninguna realización temporal se identifica” con la gloria esperada del reino de Dios, “la espera no podrá ser nunca una excusa para desentenderse de los hombres en su situación personal concreta y en su vida social, nacional e internacional, en la medida en que ésta –sobre todo ahora– condiciona a aquélla”.
“Oremos por la reconciliación donde hay división, por la justicia donde se violan los derechos fundamentales y por el consuelo para todos aquellos que se sienten abrumados por el miedo o el dolor”, dijo el arzobispo Coakley.
“Animo a los católicos de todas partes a participar, ya sea en parroquias, capillas o en la intimidad de sus corazones, ante la presencia del Señor, pidiendo la sanación de nuestra nación y nuestras comunidades”, dijo.
“Que esta Hora Santa sea un momento de renovación para nuestros corazones y para nuestra nación”, añadió. “Confiando nuestros miedos y esperanzas al Sagrado Corazón de Jesús, pidamos al Señor que nos convierta en instrumentos de su paz y testigos de la dignidad inherente de cada persona”.
