En Tenerife, el Papa León insta a los traficantes a detenerse y arrepentirse, o enfrentarse a la justicia divina

By Junno Arocho Esteves , OSV News

(OSV News) — En el último día de su visita apostólica a España, el Papa León XIV lanzó una dura reprimenda a los traficantes de personas y a quienes explotan a personas vulnerables, exigiéndoles que se detengan, se arrepientan y reparen el daño causado.

El Papa hizo este llamado el 12 de junio durante un encuentro en la Plaza del Cristo de La Laguna, en la isla española de Tenerife, con organizaciones que ayudan a los migrantes a integrarse en la sociedad.

“Y desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Deténganse. Conviértanse”, exclamó el Papa.

“Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina”, advirtió.

“Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio. Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión”, dijo el Papa.

Tras llegar a Tenerife por la mañana, el Papa comenzó su jornada reuniéndose con migrantes que residen en el centro “Las Raíces”, un centro de acogida temporal situado cerca del aeropuerto y con vistas a las montañas de la isla.

Actualmente, el centro alberga a 685 migrantes, muchos de los cuales provienen de África.

Al dar la bienvenida al Papa a “Las Raíces”, su director, Ernesto Mayoral, señaló que, desde su apertura en 2021, el centro ha acogido a más de 54.000 migrantes y ha ofrecido “una primera acogida digna, humana y organizada en un momento especialmente difícil, inmediatamente a su llegada por mar”.

Entre los presentes que esperaban ver al Papa se encontraba Aliu Ceesay, un migrante de 16 años que llegó a las Islas Canarias hace un mes en busca de trabajo para mantener a su familia en Gambia.

En declaraciones a los periodistas, Ceesay, que es musulmán, comentó que seguía al Papa por internet y que “quería verlo”.

“Es muy amable, muy bueno. No le importa si somos negros o blancos, musulmanes o cristianos. Él quiere ayudarnos”, afirmó.

Tras unas palabras de bienvenida del obispo Eloy Alberto Santiago, de Tenerife, el Papa escuchó los testimonios de dos migrantes que hablaron del dolor y el sufrimiento de dejar sus hogares para emprender una travesía peligrosa por el océano Atlántico en busca de una vida mejor.

Al dirigirse brevemente a los migrantes y voluntarios en español e inglés antes de pronunciar su discurso en francés, el Papa mencionó la celebración por parte de la Iglesia de la solemnidad del Sagrado Corazón, que “es para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano” y que en 2026 cae el 12 de junio.

“Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos”, dijo. “El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor”.

El Papa animó a los migrantes a compartir “el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda”.

Las migraciones, señaló, “pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos”.

Mientras se dirigía a saludar a los cientos de migrantes presentes, una niña con chaqueta roja, con los brazos extendidos hacia el Papa, pidió que la cargaran en brazos. El Papa León accedió y sostuvo a la niña mientras continuaba saludando a la gente.

Luego fue conducido a una de las muchas tiendas de campaña equipadas con literas, donde saludó a cada uno de los residentes del centro de migrantes.
Tras abandonar “Las Raíces”, el Papa fue trasladado en vehículo a la Plaza del Cristo de La Laguna para reunirse con las organizaciones de migrantes de la isla. Recorrió la plaza en el Papamóvil y saludó a las 4.000 personas allí congregadas.

Se vio al Papa León pedir a su conductor que se detuviera para acercarse a saludar a un hombre en silla de ruedas. Después, recorrió a pie el resto del camino hasta el escenario principal, saludando a otras personas a su paso.

Durante el encuentro, el Papa escuchó el testimonio del padre Darwin Rivas, un sacerdote que se describió a sí mismo como “un sacerdote venezolano migrante en esta Diócesis desde hace 7 años”. El sacerdote relató que “esta hermosa aventura de ayudar” a los migrantes ha sido “una experiencia dura, pero enriquecedora”.

“Santo Padre yo soy testigo de la entrega y la generosidad de estas personas, lo que me lleva a proclamar que vale la pena seguir ayudando, que es necesario seguir sumando voluntades y corazones y para nosotros los cristianos, descubrir en los que llegan la carne sufriente de Cristo”, afirmó.

Mbacke, un migrante senegalés, comenzó agradeciendo al Papa “por no mirar hacia otro lado”.

“Gracias por recibir a jóvenes como yo que llegan solos, sin familia, y que solo buscan una oportunidad para empezar de nuevo “, dijo. Y le pidió al Santo Padre que siga recordando al mundo que detrás de cada joven migrante hay un sueño, una madre que reza y una vida que merece una oportunidad.

Khalid Allad, un migrante de Marruecos, contó que, como muchos otros, dejó su hogar “buscando una oportunidad para construir un futuro digno y seguro para mí y para mi familia”.

En su primer intento, la pequeña embarcación en la que viajaba naufragó, causando la muerte de 20 personas. Llegó a Tenerife en 2020 y relató que estuvo a punto de acabar en la calle hasta que recibió ayuda de la Fundación Don Bosco, una organización salesiana que apoya a jóvenes migrantes.

“Hoy siento que en Canarias no solo he encontrado una oportunidad, sino también un hogar donde trabajar, aportar y vivir con dignidad formando parte de esta comunidad”, afirmó.

El Papa también escuchó el testimonio de Thalia Johana Saldarriaga Diago, una migrante originaria de Colombia. Recordó cómo vivía con su hermano hasta que “circunstancias cambiaron y nos vimos de un día para otro sin un techo donde estar”.

Tras recibir ayuda de la Fundación Don Bosco, Saldarriaga señaló que su camino no terminó al alcanzar la independencia y la estabilidad, sino que “sigue en el camino de retribuir el amor y apoyo que de alguna manera …me brindaron”.

“En este momento, soy parte del voluntariado de Cáritas porque entendí que mi experiencia puede servir de puente para otras personas en mi misma situación”, le dijo al Papa.

“Cuando el acompañamiento es de corazón, de Fe, no solo salimos adelante, sino que aportamos y ayudamos a construir comunidad”.

Basándose en los testimonios escuchados, el Papa León –hablando en español– centró su discurso en la Plaza del Cristo de La Laguna en las experiencias de quienes llegan con historias “de dolor, de esperanza y de búsqueda”, así como de aquellos que acogen a los migrantes en la isla de Tenerife.

“En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas”, afirmó. “Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”.
La caridad cristiana, señaló, “brota del amor de Dios derramado en el corazón del creyente” y, “ante el necesitado, la fe se hace concreta y el amor a Cristo se transforma en gestos”.

El Papa destacó que la integración “no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria”.

Más bien, explicó, se trata de un “un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro”.

El Papa León subrayó que “toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan”, velando por que su dignidad florezca; a su vez, “quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad”.

“Esta es una forma preciosa de misericordia”, dijo. “Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar”.

Dirigiéndose directamente a los católicos, el Papa pidió que la integración “no quede reducida a una tarea social”, sino que sea un testimonio integral del amor de Cristo.

“Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acción y nuestra esperanza”, afirmó. “Una Iglesia que acoge es también una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres”.

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