Los obispos de EEUU publican un subsidio de oración en honor de los migrantes y las personas esclavizadas, con un llamado a la acción

En una foto de archivo se ve a un migrante cruzando a nado el Río Bravo en Matamoros, México, para ayudar a otros solicitantes de asilo a entregarse a los agentes de la Patrulla Fronteriza de EE.UU. (Foto OSV News/Daniel Becerril, Reuters)

Por Gina Christian, OSV News

(OSV News) — Con motivo del 250.º aniversario de Estados Unidos, los obispos católicos del país han publicado un texto guía para un servicio de oración en reconocimiento de inmigrantes y refugiados, así como de aquellas personas víctimas de la trata en el marco de formas históricas y modernas de esclavitud en Estados Unidos.

El documento también incluye oraciones por los funcionarios del Gobierno, en las que se pide a Dios que “los ayude a comprender la gran dignidad de las personas”.

El documento, titulado “Un camino hacia la justicia: Oración nacional en honor a las diversas comunidades que construyeron los Estados Unidos de América”, se publicó recientemente en la página de recursos del sitio web de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

El texto fue elaborado tanto por el Comité de Migración de la USCCB (como se le conoce a la conferencia episcopal, por sus siglas en inglés) como por su Subcomité para la Promoción de la Justicia Racial y la Reconciliación.

El documento de 15 páginas, que está disponible en inglés y español, está diseñado para “reconocer y honrar a las diversas comunidades que han venido a los Estados Unidos en busca de esperanza, seguridad y oportunidades”, tal y como afirman los obispos en su introducción.

Al mismo tiempo, el servicio de oración también reconoce “las voces, los sufrimientos y las contribuciones perdurables de aquellos que fueron trasladados a este país por la fuerza”, dijeron.

Investigadores y académicos han estimado que hasta 100 millones de personas han emigrado a EE.UU. desde el final de la Revolución Americana en 1783. Hoy en día, EE.UU. cuenta con 50,2 millones de inmigrantes, lo que supone el 14,8% de sus 340,1 millones de residentes, según el Instituto de Política Migratoria.

De los aproximadamente 12-20 millones de africanos que fueron transportados a la fuerza al continente americano durante los cuatro siglos de la trata transatlántica de esclavos, alrededor de medio millón fueron llevados a lo que hoy es Estados Unidos.

En su encíclica “Magnifica Humanitas”, publicada recientemente, el Papa León XIV, descendiente de africanos esclavizados y llevados a América, presentó una disculpa formal por el retraso de 18 siglos de la Iglesia en reconocer los males de la esclavitud, calificándola de “una herida en la memoria cristiana a la que no podemos considerarnos ajenos”.

El Papa también condenó las formas modernas de esclavitud, que adoptan la forma tanto de trabajo forzoso como de tráfico sexual, y que afectaron a unos 27,6 millones de personas en todo el mundo en 2022, según la Organización Internacional del Trabajo. En Estados Unidos, la Línea Nacional contra la Trata de Personas contabilizó cerca de 22.000 víctimas en el país en 2024.

Los obispos de EE.UU. afirmaron que el modelo de servicio de oración está “inspirado en el llamado del Evangelio a acoger al forastero y a defender la dignidad de toda persona humana”, y “busca proporcionar un espacio sagrado para la reflexión, la memoria, el lamento y la esperanza”.

El servicio invita a los participantes “a tener encuentros unos con otros como miembros de una sola familia humana y del Cuerpo de Cristo”, añadieron.

Los servicios de oración para inmigrantes basados en la plantilla pueden “celebrarse en diversos lugares o puntos de entrada de todo el país”, dijeron los obispos.

El servicio está estructurado como una celebración de la Liturgia de la Palabra, con himnos, oraciones, lecturas de las Escrituras, un salmo responsorial y la proclamación del Evangelio.

Las palabras de bienvenida que preceden a la oración inicial piden al “Dios de esperanza, libertad, justicia y paz” “la gracia de caminar en solidaridad con las comunidades inmigrantes, cada una de las cuales enriquece la vida de esta nación a través de la diversidad de sus dones y tradiciones”.

La oración inicial invoca la intercesión de Santa Francisca Javiera Cabrini, una inmigrante italiana cuyo ministerio con otros inmigrantes la llevó finalmente a ser canonizada como la primera santa estadounidense.

La primera lectura del servicio de oración se toma de Deuteronomio 10,12-22, donde Moisés exhorta a los israelitas a amar y servir al Señor, ordenándoles: “Amen, pues, al forastero, porque también ustedes lo fueron en Egipto”.

El Salmo 146 recuerda que el Señor “hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos”, “libera al cautivo” y “toma al forastero a su cuidado”.

La segunda lectura, tomada del capítulo 13 de la Carta a los Hebreos, exhorta a los oyentes a no descuidar “la hospitalidad, ya que por ella, algunos han hospedado ángeles sin saberlo”, y a acordarse “de los que están presos, como si ustedes mismos estuvieran también con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados, pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir”.

El pasaje del Evangelio, Mateo 25, 31-46, describe el juicio de las naciones, en el que Jesucristo –quien se identifica con las personas marginadas y que sufren del mundo– bendice a quienes han cuidado de los vulnerables, mientras reprende a quienes han rechazado las obras de misericordia.

El servicio de oración incluye un momento de intercambio de testimonios de inmigrantes tras el Evangelio, en el que se permiten mensajes pregrabados por razones de seguridad y privacidad.

Como ayuda para la homilía o la reflexión guiada del servicio, los obispos proporcionaron una copia de su mensaje especial sobre la inmigración, así como extractos del discurso “Tengo un sueño” del reverendo Dr. Martin Luther King Jr. de 1963.

La “llamada la acción” del servicio de oración invita a los participantes a “reflexionar en oración sobre lo que nosotros, como Cuerpo de Cristo, estamos llamados a hacer colectivamente dentro de nuestras parroquias, comunidades locales, estado y nación” para ayudar a los inmigrantes y refugiados de manera concreta, “a la vez que abogamos fielmente por una reforma migratoria justa y humana que defienda la dignidad de toda persona humana creada a imagen y semejanza de Dios”.

La celebración culmina con un momento de silencio, seguido de oraciones de intercesión en las que se pide el fin de la esclavitud moderna, así como la atención a los migrantes y refugiados. Concluye con el Padrenuestro, una oración final por los migrantes y un canto final (una de las sugerencias en la versión en español de la plantilla es “Santa María del Camino” o “Santa María de la Esperanza”).

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