Esperanza en El Señor — Regresando a la Santa Eucaristía

Archbishop Joseph E. Kurtz

Acabo de terminar un libro sobre la vida de Romano Guardini, un sacerdote teólogo, escrito por Robert Krieg titulado “Romano Guardini: a Precursor of Vatican II”. Quería saber más sobre el Padre Guardini por su gran influencia en Hans Urs von Balthasar, San Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI. También se le ha atribuido una gran influencia remota en el Concilio Vaticano II.

Nacido en Verona, Italia, el padre Guardini se mudó con su familia a Alemania cuando tenía solo un año, y finalmente se convirtió en ciudadano de Alemania y enseñó en universidades allí durante la mayor parte de su vida. En 1918, publicó un libro titulado “El espíritu de la liturgia”, que tuvo una fuerte influencia en el Concilio Vaticano II.

Recientemente he estado pensando en él y en sus principios al reflexionar sobre ese anhelo de volver a la participación plena y activa en la Santa Eucaristía, fuente y cumbre de nuestra vida cristiana.

Encontré la vida de Romano Guardini bastante atractiva. Él estuvo muy involucrado en la catequesis y la formación de los jóvenes durante las décadas de 1920 y 1930, y esa participación práctica influyó mucho en su pensamiento teológico y sus escritos. En el centro de su catequesis está esta cita del Papa Pío X, quien en los primeros días del siglo pasado llamó a los católicos no simplemente a “rezar en la Misa” sino más bien a “rezar la Misa”.

Me llamó especialmente la atención la teoría de los opuestos y las contradicciones del padre Guardini. Hace esta importante distinción. Las contradicciones no pueden convivir bien. Un buen ejemplo de tal contradicción es el bien y el mal, que se excluyen mutuamente. En contraste, los opuestos involucran dos elementos que crean una tensión saludable y prosperan en la unidad. El padre Guardini era amigo del filósofo Martin Buber, famoso por sus contribuciones al existencialismo y su teoría del “yo y tú”. Guardini vio la relación de nuestra vida interior y social con los demás como opuestos que están en tensión pero que se necesitan unos a otros para completar y realizar nuestra identidad personal como creada por Dios. Este personalismo tuvo un gran impacto en la fenomenología de San Juan Pablo II, cuya tesis doctoral fue sobre Max Scheler, una gran influencia sobre el padre Guardini.

En “El Espíritu de la Liturgia”, Romano Guardini continúa abordando la tensión creativa y necesaria en la sagrada liturgia tanto de la participación activa como del silencio. Basándose en la intuición del Papa Pío X de “rezar la Misa”, el padre Guardini habló sobre la necesidad de tiempos de silencio y de participación activa aunados. Dejó en claro que la participación reverente en procesiones o arrodillarse o pararse y recitar públicamente el Credo juntos son actos profundos de culto con otros y que estos actos deben ser fortalecidos por nuestra reflexión silenciosa juntos.

En los retiros de silencio, a menudo he tenido una experiencia en la que, aunque mi conversación con otros participantes del retiro fue mínima y casi inexistente, sin embargo, sentí un vínculo con aquellos con quienes estuve durante esa semana. Hay algo bastante místico en poder compartir juntos el silencio y la calma en la oración.

Uno de los grandes beneficios, pero a la vez profundos desafíos de la pandemia de COVID-19, es la realidad del culto virtual. Gracias a Dios, hemos tenido la oportunidad de transmitir en vivo, cuando nos reunirnos en persona para celebrar la Santa Eucaristía era o para algunos aún puede serlo, ni seguro ni justificado.

Sin embargo, existe un desafío. Vivir en una época que enfatiza la participación individual y pasiva frente a una pantalla de computadora o un televisor seguramente contribuirá a las deficiencias espirituales en nuestras vidas con el tiempo. Algunos me han dicho que realmente anhelan volver a reunirse para celebrar a Cristo en la Santa Eucaristía y recibir la comunión juntos. Agradezco la teología del padre Guardini por fomentarlo.

Hace dos fines de semana, tuve la bendición de celebrar la Misa que incluía el sacramento de la Confirmación en St. Dominic en Springfield y St. Francis of Assisi en Loretto. Me hizo bien al espíritu volver a una celebración pública de la Eucaristía, incluso en medio del distanciamiento social y los pasos higiénicos que todavía son bastante necesarios. Pude sentir que las familias y las personas que participaron sentían lo mismo.

Oremos los unos por los otros y oremos para que la tensión de esos opuestos aumente nuestro anhelo de unirnos y celebrar de manera reverente y activa el gran regalo que Jesús nos dejó: su muerte salvadora y resurrección para nuestra salvación.

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