Esperanza en El Señor — Recordando y transmitiendo la mejor historia jamás contada

Archbishop Joseph E. Kurtz

A principios de esta semana, conté una historia. Fue un evento público, patrocinado por el Courier Journal. Me alegré de decir que sí, porque, como entendí, la intención del evento era para fortalecer a nuestra comunidad al mover los corazones de los participantes y fortalecer los lazos de la comunidad a nuestro alrededor.

Cuando estaba en East Tennessee como Arzobispo de Knoxville, tuve la oportunidad de aprender acerca del famoso National Storytelling Festival en Jonestown, Tennessee e inclusive visité la reunión anual un octubre. El festival reúne a narradores de historias profesionales. Sus historias están destinadas a tocar la imaginación, entretener al oyente y quizás transmitir una lección poderosa que solo una buena historia puede hacerlo.

Debo decir, que cuando crecía, decir una historia usualmente significaba hacer creer o al menos tergiversar la verdad. La historia que conté la semana pasada fue cierta. Era acerca de mi hermano y yo en tiempo de Navidad y específicamente acerca del baloncesto que recibimos cuando yo tenía siete años y mi hermano doce. Contarla me trajo a la mente muchos recuerdos. Vayan a www.courier-journal.com y busquen por el proyecto de Storytellers  para obtener más información acerca del evento.

De manera similar, hace como dos semanas fui invitado por el Club “Young at Heart” en la Iglesia Saint Bernadette para hablar sobre el Adviento y la preparación de la Navidad. Escogí enfocarme en dos frases: recordar y transmitir.

La palabra griega para recordar es anámnesis y es utilizada especialmente en la Sagrada Eucaristía cuando hablamos de recordar a Jesús y sus obras salvíficas. En la última Cena, cuando Jesús tomó el pan y el vino y declaró que estos dones eran su mismo cuerpo y sangre, Él dijo, “Hagan esto en memoria mía”. La segunda palabra, traditio, significa en latín transmitir. En la Primera Carta a los Corintios, San Pablo, hablando de la Sagrada Eucaristía, dijo: lo que he recibido del Señor, se los transmito”.

El “Young at Heart” y yo recordamos de Adviento y Navidad. Eso lo disfrutamos. Después pasaron a compartir como tratan de transmitir las tradiciones a sus hijos y nietos y a otros vecinos. Esto no siempre es fácil de hacer en esta época tan dominada por lo inmediato y lo secular. Sin embargo, a la gente joven les gustan las historias, y la historia del nacimiento de nuestro Salvador captura la imaginación.

En tres días celebraremos la Navidad y no hay mejor tiempo del año para todos nosotros, jóvenes y viejos, aquellos inmersos en la vida de Cristo y Su Iglesia y aquellos distantes,  para pausar, recordar y transmitir.

Escucharemos la historia acerca del nacimiento de un Salvador. Las circunstancias de esa noche silenciosa en Belén, los pastores y el pesebre, los ángeles y los animales darán vida a la verdad más profunda de la historia: ese tiempo en la historia ahora hace 2000 años cuando el Hijo de Dios se hizo un ser humano, uno de nosotros, para que así nos mostrara el camino hacia la plenitud de la vida y darnos el poder para seguirlo.

Que gran tiempo de llegar a la Iglesia de visitar la escena del crèche o el pesebre y de orar con jóvenes y viejos. Además es una maravillosa oportunidad de compartir lo que la Navidad era cuando éramos jóvenes. La reunión para una comida después de que se abren los regalos es una gran oportunidad de compartir la historia especial que da vida a esta bendita época de Navidad. Contar historias puede ser muy poderoso en nuestras vidas, y la verdadera historia de Navidad tiene que ser la mejor de todas. Recordamos y transmitimos. ¡Feliz Navidad!

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