Esperanza en El Señor — Evocando al Espíritu Santo

Archbishop Joseph E. Kurtz

La Pascua es la temporada de las Confirmaciones. Me encanta la aventura de visitar las parroquias para confirmar a una juventud ansiosa que se ha formado y preparado para recibir la plenitud del Espíritu Santo. La mayoría son de octavo curso y están en el umbral de sus años de instituto.

El peligro es percibir el Sacramento de la Confirmación meramente como un “rito de paso” al comienzo de la adolescencia. Tal visión enfatiza que el joven ahora toma sus propias decisiones (lo cual es cierto) como adulto dentro de la Iglesia y que se espera más de él o ella en cuanto a servicio a los demás (lo cual también es verdad). Sin embargo, estas visiones pueden causar que se ignore y no se cultive una verdad más profunda del sacramento: el don del Espíritu Santo y nuestra capacidad de evocar al Espíritu Santo para cambiar nuestros corazones y a través del poder del Espíritu Santo, renovar la faz de la tierra.

En enero, me uní a otros obispos de Estados Unidos en un retiro en el Seminario Mundelein en Chicago liderado por el Director de Retiro Papal, Padre Raniero Cantalamessa. Me impresionaron tanto sus homilías que pedí un libro que él escribió y al que hizo referencia durante el retiro.  Se titula “Ven, Espíritu Creador: Meditaciones sobre Veni Creator.” Publicadas en el año 2003, sus meditaciones eran originalmente conferencias de retiro para San Juan Pablo y los oficiales de la curia que se reunían todos los años en un retiro en diciembre.

Tan pronto como escucho Veni Creator Spiritus, mi mente inmediatamente se va a las ceremonias de ordenación de días pasados. El hermoso canto gregoriano se escucha de fondo mientras el obispo realiza la sagrada acción de poner sus manos sobre aquellos a los que se está ordenando para el sacerdocio. Fue solemne y atractivo, pero como era en latín, presté poca atención a lo que se estaba diciendo.

El Padre Cantalamessa comenzó cada una de sus conferencias en enero con una estrofa del himno e hizo una reflexión sobre ella. El himno se remonta al siglo noveno después de Cristo y posiblemente su autor fue Rhabanus Maurus, Abad de Fulda y más tarde Arzobispo de Maguncia. Murió en el año 856 así que el himno ha estado con nosotros durante más de 12 siglos. La música de acompañamiento ha cambiado con el transcurso del tiempo, pero el texto se ha mantenido. A continuación tenéis la traducción al inglés del primer verso:

“Ven, Espíritu Creador,

Visita las mentes de esos que son tuyos:

Llena con gracia celestial

Los corazones de aquellos a los que has creado.”

¿Qué significa rezar, “Ven, Espíritu Creador?” En el Credo, profesamos nuestra creencia en el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, pero este himno nos hace orar al Espíritu Santo y evocar Su presencia.

El Padre Cantalamessa ofrece una gran visión explicando esta cuestión.  No somos deístas, que esencialmente creen que Dios nos creó y después nos abandonó. No, el Espíritu Creador está presente ahora, nutriendo nuestro aliento, y podemos evocarlo.

Ya conscientes del don del Espíritu Santo dado por el Bautismo y la Confirmación, humildemente invitamos al Espíritu Creador para que nos permita sentir Su poder. Una oración evocando al Espíritu Santo podría decir lo siguiente: “Espíritu Creador, antes de que fuese concebido en el vientre de mi madre, antes de que me diesen el gran don de la libertad, cuando era el barro de Isaías en la mano del alfarero, Tú me formaste. Ahora me entrego a Ti completamente.”

El ejemplo eminente se nos presenta en el Evangelio según San Lucas, capítulo segundo en el cual la Virgen María, después de expresar miedo cuando fue llamada, hace una primera evocación: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.”

Así, Jesús también nos enseñó lo mismo cuando rezamos el Padre Nuestro: “Padre nuestro que estás en el cielo… Venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.”

Rezad por esa juventud que va a ser confirmada para que tengan la gracia de evocar al Espíritu Santo para que cambie sus corazones y, a través del poder del Espíritu Santo, renueven la faz de la tierra.  “Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra.” Salmos 104:30

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