Esperanza en El Señor —
Aniversarios de Bodas
y Beber del Cáliz de Jesús

Archbishop Joseph E. Kurtz

Este domingo, las parejas de 50 años de casados se reunirán para una misa especial en la Catedral a las 2 p.m. junto con sus familias. Dadas las restricciones pasadas de COVID-19, será muy bueno ver las caras de estas parejas. Con el fin de mantener la seguridad, estamos limitando la celebración de este año a aquellos que tienen 50 años de casados y enviaremos certificados a aquellos que celebran otros aniversarios. Sin embargo, será un tiempo para regocijarse en el don del amor fiel matrimonial.

He estado pensando en este don de fe para el amor y el servicio a medida que se acerca mi 50 aniversario como sacerdote el próximo 18 de marzo. Parece difícil creer que el día después de mi ordenación, la solemnidad de San José, el 19 de marzo de 1972, fue la ocasión para mi Misa de Acción de Gracias. Estoy muy contento de que este fin de semana me uniré a las parejas que celebran aniversarios similares durante esta celebración especial y piden la intercesión de San José, el defensor de la vida y el padre adoptivo de Jesús, que es un ejemplo para todos los padres mientras buscamos crecer como familias santas.

Por supuesto, cada pareja traerá alegrías y tristezas, tan inevitables en este mundo. Si bien estoy tentado a predicar solo sobre las alegrías, he estado pensando recientemente en las bendiciones de las penas. Hace dos semanas, el Evangelio dominical trataba sobre la respuesta de Jesús a dos apóstoles, Santiago y Juan, que, aunque abandonaron sus redes de pesca no dejaron atrás sus ambiciones personales. Cuando pidieron un lugar especial en el Reino, Jesús se volvió a ellos y les preguntó: “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?” En otras palabras, ¿pueden encontrar un significado profundo en seguir a Jesús, incluso en las cruces de sus vidas?

En su último libro antes de morir, el autor espiritual Henri Nouwen abordó este acogimiento de la voluntad de Dios en nuestras vidas, tanto en lo bueno como en lo malo y especialmente en ver la gracia, incluso en las cruces que no queremos acoger. Su libro, de sólo 107 páginas, ¿fue titulado “Can You Drink the Cup?” Recuerdo cuán vívidamente escribió sobre el gesto que forma el núcleo del ensayo: necesitamos sostener el cáliz, levantarlo y beber de el.

Para Nouwen, sostener el cáliz significa examinarlo y examinar nuestras vidas. “Debemos saber lo que estamos viviendo”, dice Nouwen. “Una vida que no se refleja no vale la pena vivirla”.

Nouwen publicó este ensayo en 1996 poco antes de su muerte por cáncer. Desde que leí su ensayo hace ya 25 años, invariablemente esta vívida imagen viene a la mente cuando sostengo y levanto el cáliz en el momento de la consagración en la Misa. Para Jesús, el cáliz era una vasija llena hasta el borde de dolor y sufrimiento. Fue el cáliz que el Padre preparó para Él mientras Jesús pasaba su vida pública buscando anunciar el camino de la salvación, que es el camino del amor, solo para encontrarse con el rechazo a cada paso. No sólo en la Última Cena, sino también cuando fue levantado en la cruz al día siguiente, el cáliz fue sostenido y levantado y en su última hora, bebió plenamente en fidelidad a Su Padre y a aquellos a quienes vino a salvar y servir.

Al observar a las parejas casadas que vienen con sus seres queridos a renovar los votos matrimoniales hechos hace cinco décadas, solo puedo imaginar cómo sus recuerdos recuerdan el cáliz de bendición de su matrimonio y las cruces que fueron parte de su vida juntos. Cada uno de nosotros sabe que nuestro cáliz puede incluir dolor de nuestra propia creación, con todos los pecados y adicciones, malos hábitos y malos juicios en la vida de todos. Sin embargo, la pareja también puede recordar haber sufrido no por lo que hicieron, sino angustias que les ocurrieron con un trabajo perdido, una enfermedad, un niño que necesitaba ayuda especial. La lista puede ser interminable.

Jesús, en donde la Carta de San Pablo a los Hebreos nos recuerda que se convirtió en uno de nosotros excepto por el pecado, sostuvo y levantó un gran cáliz, no con falla propia alguna, sino llevando las fallas y tristezas de toda la raza humana. A medida que las parejas renuevan sus promesas, oro para que su sufrimiento por los demás, especialmente por su cónyuge y miembros de la familia, sea un dolor que miren hacia atrás al saber que su cáliz se asemeja al sufrimiento de Jesús. Por difícil que sea en ese momento, su amor fiel se profundizó en su generosa respuesta inspirada en la gracia en el amor.

Damos gracias por las parejas de aniversario que han sostenido, levantado y bebido del cáliz de Jesús, la voluntad de Dios en sus vidas.

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