Esperanza en El Señor — El Adviento y María, mi esperanza

Archbishop Joseph E. Kurtz

Archbishop Joseph E. Kurtz

Estaba yo probablemente en quinto grado cuando compré un libro de oración, “María, Mi Esperanza” para mi mamá. Recuerdo que había una semana larga de misión parroquial en mi parroquia con libros de oración en el vestíbulo para comprar. Creo que fue el regalo de Navidad para mi mamá en 1956.

Yo aprecio ese libro de oración. Lo encontré en el dormitorio de mi mamá justo antes de que ella falleciera en 1989. Como todo buen libro de oración, está bien gastado. Puedo imaginar a mi madre viendo el título “María, Mi Esperanza”, cada mañana cuando ella lo abría para decir sus oraciones. Nosotros, la Iglesia, de la mejor forma, sabemos que la Santísima Madre y la devoción hacia ella siempre nos guiará a su hijo y nuestro Salvador, Jesucristo. Por ello, María es mi esperanza.

El tiempo de Adviento es tanto una oportunidad para que nosotros honremos a nuestra Santísima Madre, que observó y esperó mientras Jesús crecía, y para reavivar un verdadero sentido de esperanza en nuestras vidas. Se nos ha dicho que los seres humanos no pueden vivir sin esperanza. El hacerlo es rendirse a la muerte en la desesperación.

El “Catecismo de la Iglesia Católica” (CIC 1817) da una gran definición de esperanza: “…la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos, no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo”. Las dos palabras que resaltan de la página son: aspiramos y confianza.

La temporada de Adviento, esas cuatro especiales semanas antes de la celebración de la Navidad, son tiempos para reavivar el deseo apropiado en nuestra vida. No es una casualidad que la Solemnidad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre está al comienzo de la temporada de Adviento. Tiene un significado especial para mí porque el 8 de diciembre de 1999, fui ordenado Obispo. Con la guía de nuestra Santísima Madre, pedimos que nuestros deseos sean purificados durante estas cuatro semanas acercándose a la Navidad.

También oramos para que coloquemos nuestra confianza en Dios. Hay un toque de ironía cada vez que vemos el reverso de un billete de a dólar, recordándonos “En Dios confiamos”. Muy a menudo ese billete representa nuestra confianza en la dirección de nuestros deseos que no son duraderos.

La tradición de la Iglesia nos ha dado tres maneras seguras para purificar nuestro deseo e incrementar nuestra confianza. Cada una es digna de nuestra atención:

La primera es de orar más frecuentemente y más fervientemente. Los calendarios de Adviento y las coronas de Adviento son buenos recordatorios para orar en nuestro hogar e inclusive de considerar ir a Misa a diario. No hay sustituto para colocarnos en un ambiente que purificará nuestros deseos. Cuando oramos, comenzamos a pensar diferente.

Segundo, los servicios de reconciliación en Adviento son grandes oportunidades para recibir el Sacramento de la Reconciliación. Yo me uniré a sacerdotes hermanos el miércoles, 14 de diciembre en el Monasterio Pasionista para un servicio de oración y oportunidad de ir a confesión. Favor de revisar el horario para el Sacramento de la Reconciliación en su parroquia antes de la Navidad aquí. (Vaya al sitio web de la Arquidiócesis para ver los horarios en www.archlou.org/wp-content/uploads/2016/11/Advent-2016.pdf.)

Tercero, hay un maravilloso regalo de intención. Para purificar nuestros deseos e incrementar nuestra confianza, no necesariamente necesitamos hacer más cosas. Más bien necesitamos hacer estas cosas con una intención cuidadosa y deliberada. Al firmar mis tarjetas de Navidad, tomo cada momento para decir una oración de agradecimiento por la persona a quien estoy enviando la tarjeta. Ustedes pueden hacer lo mismo cuando escriban en una tarjeta, compren un regalo o inclusive horneen esas famosas galletas de Navidad que a todo mundo le gustan.

Estoy muy agradecido con ejemplos como el de mi madre que oraba del libro de oración “María, Mi Esperanza” hasta que se desgastó. Durante estos días de Adviento, oro para que tengan en sus vidas tal testimonio de fomentar la purificación de sus deseos y una profundización de su confianza en Dios.

Yo hablo de estos temas en mi programa mensual de televisión, “Conversations with Archbishop Kurtz.” Para ver este segmento y otros para el mes de diciembre, vaya a www.archlou.org/conversations.

Arzobispo Joseph E. Kurtz

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