Esperanza en El Señor — Anticipación y los días antes de la Navidad

Archbishop Joseph E. Kurtz

Archbishop Joseph E. Kurtz

¡La Navidad está casi aquí! Como un niño que no puede esperar a que el sol salga y brille la luz en sus regalos de Navidad, así también mi alma y sus almas juntas esperan el amanecer de nuestra salvación – queremos que la Navidad llene nuestros corazones.

Leí un artículo interesante en la reciente edición de “Cistercian Studies Quarterly” acerca de las Antífonas O. En caso de que ustedes no sepan de ellas, aquí está la historia en el sitio web de la USCCB: “La Iglesia romana ha estado cantando las Antífonas O desde por lo menos el siglo VIII. Son las antífonas que acompañan al cántico “Magnificat” de la Oración Nocturna del 17-23 de diciembre. Son una teología magnífica que utiliza imágenes bíblicas antiguas tomadas de las esperanzas mesiánicas del Antiguo Testamento para proclamar  la venida de Cristo como el cumplimiento no solo de las esperanzas del Antiguo Testamento, pero del presente también. Su repetido uso del imperativo ‘¡ven!’ encarna el deseo de todos por el Divino Mesías”.

De hecho ustedes ya saben estas antífonas si “O ven, O ven, Emmanuel” son parte del repertorio de sus cantos de los himnos de Adviento.

Cada noche para la octava (8 días) antes de Navidad, le pedimos a Cristo que venga y lo llamamos con un nombre diferente. Por ello, el pasado sábado por la noche, comencé a orar cada una intencionalmente. Cada antífona hace referencia a una profecía diferente del profeta Isaías, y la referencia trae una importante figura del Antiguo Testamento a la mente.

Al orar, imaginé una gran procesión en camino a la cuna en Belén. Allí esta Isaías llamando por sabiduría en la vida cotidiana y pidiendo a Alguien a estirar Sus brazos para salvar. Después viene Moisés, pidiendo por Adonaí (Señor) estar presente como en la zarza ardiente. Enseguida de Moisés está David, de cuyo linaje viene nuestro Salvador. La casa de David es como una raíz en la tierra y el niño, la flor, ahora escondido pero pronto visible – nuestro Salvador Jesús. El próximo día, David viene de nuevo, esta vez cargando una llave para abrir los misterios de la presencia de Jesús en mi vida este día. Después viene el profeta Oseas, quien en Oseas 6:3 habla de la venida del Salvador “…su venida es tan cierta como la aurora”.

Posteriormente, bajo el título, el rey de las naciones y la piedra angular, encontramos títulos que apuntan a los deseos de nuestros corazones. San Agustín indica al comienzo de sus “Confesiones” (Lib 1,1-2,2.5,5: CSEL 33, 1-5):  “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti.” Esto conlleva a la antífona O final: Emmanuel, Dios con nosotros. A diferencia de todas las otras religiones en donde la persona humana sale a buscar a Dios, en la persona de Jesús, lo opuesto sucede: es Dios quien viene en la búsqueda – para habitar entre nosotros, de poner su morada, de ser Emmanuel. Por ello, el Evangelio para la Misa de Navidad del día no es la escena conocida de su nacimiento en un Pesebre en Belén sino la profunda teología del primer capítulo del Evangelio según San Juan: “en el principio era el Verbo… y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. (Jn 1:1-14). 

Aunque no es una Antífona O, el día anterior a la Navidad añadimos a la procesión, nuestra Santísima Madre María, “Oh María, en el nacimiento de tu hijo, todas las promesas de Dios son cumplidas”.

¡Qué procesión! ¡Qué anticipación! Incluso supera la alegría del niño que no puede esperar a que el sol salga y alumbre sus regalos de Navidad bajo el árbol. Las antífonas O nos dan 7 maneras hermosas para orar al acercarse la Navidad. Aquí están para su reflexión:

17 de diciembre

¡Oh Sabiduría que saliste de la boca del Altísimo, que dispones de todas las cosas con poder y amor: ven a enseñarnos la senda de la prudencia!

18 de diciembre

¡Oh Dios poderoso y guía de la casa de Israel, que le diste a Moisés la ley en el Sinaí: ven a rescatarnos con el poder de tu brazo!

19 de diciembre

¡Oh raíz de Jesé, signo del amor de Dios por todo su pueblo: ven a salvarnos sin tardanza!

20 de diciembre

¡Oh llave de David, que abres las puertas del Reino eterno de Dios: ven y libra a los prisioneros de la obscuridad!

21 de diciembre

¡Oh Radiante Amanecer, esplendor de la luz eterna, sol de justicia: Ven y alumbra a los que yacen en las tinieblas y en la sombra de la muerte!

22 de diciembre

¡Oh Rey de todas las naciones y piedra angular de la Iglesia: ven a salvar al hombre, a quien formaste del barro!

23 de diciembre

¡Oh Emmanuel, nuestro Rey y Legislador: ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!

Arzobispo Joseph E. Kurtz

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